La Habana (Reuters) --« Está muy rica, muy dulce. Me siento como Adán comiéndose la fruta prohibida», dijo Yusmani Arzuaga mientras devoraba una manzana estadounidense.
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«¿Por qué algo tan bueno tiene que estar prohibido? Ojalá que siga llegando», dijo la estudiante universitaria cuando salía del supermercado de la calle Carlos III de La Habana, donde compró la manzana proveniente del estado norteamericano de Washington. Arzuaga podría estar hablando en nombre de los 11 millones de habitantes de Cuba que están encantados por la reanudación de algún comercio con Estados Unidos.
Más de 100 millones de dólares en productos agrícolas, como trigo, maíz, pollo, huevos y manteca, entre otros, han llegado a la isla desde noviembre, cuando el gobierno comunista comenzó a comprar productos de su archienemigo del Norte.
• Beneficiados
El embargo comercial de cuatro décadas de Washington contra el gobierno del presidente Fidel Castro sigue en pie, pero Cuba, que necesita importar comida para alimentar a su población, puede comprar a Estados Unidos bajo una ley aprobada por el Congreso estadounidense en 2000, aunque debe pagar en efectivo. Durante largos años, exportadores de Canadá, Europa y otros países se han beneficiado de comerciar con Cuba sin tener competencia estadounidense.
«Estoy tirando la toalla y me vuelvo a vender automóviles en la República Dominicana», dijo Mike, un empresario canadiense que ha ven-dido pollos a Cuba durante muchos años. «Las compa-ñías estadounidenses están poniendo el pollo en el mercado a precios ridículamente bajos. No hay forma de competir», se quejó.
El propio Castro ha elogiado los productos estadounidenses, cuya importación ya superó medio millón de tone-ladas.
Todo esto está preparando el escenario para el momento en que empresarios, funcionarios y agricultores estadounidenses celebren su primera exposición en Cuba el mes próximo.
Pero el interés de Castro va más allá de la comida. Desde que comenzó a comprar productos estadounidenses, la oposición al embargo norteamericano ha aumentado en el Congreso estadounidense. La Cámara de Representantes, presionada por el lobby agrícola, aprobó recientemente levantar restricciones a los viajes de estadounidenses a Cuba y aliviar el embargo.
Además, se espera que el Senado apruebe medidas similares este año, aunque el presidente George W. Bush, atento a los votos de la comunidad cubana exiliada en Florida, se opone a aliviar las sanciones y ha prometido vetar las medidas.
Pero no sólo Bush y los exiliados anticastristas están indignados por el festín comercial entre Cuba y Estados Unidos. Exportadores europeos a quienes Cuba adeuda sumas millonarias están molestos porque La Habana está pagando en efectivo por los productos estadounidenses antes de cancelar los pagos pendientes con ellos.
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