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El ex vicepresidente de los EE.UU. Al Gore dialogó con este
diario sobre el film «Una verdad inconveniente», que se presentó
en Cannes, a cuyo festival de cine asiste estos días.
Criticó la hipnosis que produce la TV, algo que cree no ocurre
con Internet.
P.: ¿Seguro?
A.G.: Seguro.
P.: ¿A quién va a apoyar en las próximas elecciones?
A.G.: Al presidente Chirac (risas). ¿No estamos en Francia?
P.: Su película es convincente y tiene humor, pero carece de la agresividad del cine de Michael Moore. ¿Qué piensa de él?
A.G.: Exactamente era eso lo que me proponía. Yo soy amigo de Michael, coincido en muchas cosas con su manera de pensar y ninguna de sus películas me ha resultado molesta. Sin embargo, entiendo que mucha gente que no piensa como él puede sentirse ofendida y ridiculizada por su formade decir las cosas. Y eso era lo último que me proponía con «Una verdad inconveniente». En realidad, en los Estados Unidos, y en otros países también, el diálogo político se ha jibarizado, reducido a su mínima expresión. El efecto de los medios tiene mucho que ver en esto. La televisión, y en los últimos años Internet, ha tenido entre otros efectos el de reducir a microcápsulas las ideas, entre ellas las políticas. Los Estados Unidos tienen el mayor índice de exposición diaria a la televisión, algo más de cinco horas, luego viene Japón, y el tercer puesto lo tienen ustedes, los argentinos. Y esas microcápsulas, que se instalan en la manera de pensar de la gente, impiden el desafío de pensar la política de manera más compleja; simplifican todo.
P.: ¿Habla usted de una desculturalización a nivel mundial impulsada por las nuevas tecnologías?
A.G.: Veamos. Creo que la educación formal, la escolar, la universitaria, es importantísima, pero no lo es todo. El dominio predominante de los medios de comunicación, al que debe sumarse ahora Internet, tiene características que deben ser reanalizadas, para obrar sobre ellas. Un filósofo de la escuela de Francfort, Jürgen Habermaas, escribió hace cuarenta años sobre las características de las esferas públicas. El espacio virtual en el que nos comunicamos hoy, donde circulan las ideas, ha sido radicalmente transformado por la televisión. El ágora en Grecia, el foro en Roma tienen una enorme analogía con ese espacio virtual en el que nos comunicamos actualmente. Cuarenta años atrás, la televisión tomó el poder que ocupaban los diarios para llegar a la gente. Y la televisión estableció una conversación ficticia, una conversación de un solo sentido, en la que sólo funciona como emisor y no como receptor simultáneamente. Y la televisión suele estar en manos de muy pocas compañías, muy pocas voces, muy poca multiplicidad de opiniones. El gran desafío, pues, es romper esa conversación unidireccional. Las democracias modernas, si quieren ser sólidas y enfrentar desafíos como el del calentamiento global, necesitan que se quiebre esa única conversación. Y ahí está la gran paradoja: la gente con mayor educación, con más títulos universitarios, suele ser la menos capacitada para romper esa conversación que establece la televisión.
P.: ¿Incluye también a Internet en esta conversación unidireccional? Usted ha estado muy vinculado al desarrollo de Internet en el mundo.
A.G.: Internet no tiene el poder hipnótico de la televisión, ni remotamente. Tampoco el cine; por el contrario, creo que el cine, el buen cine, permite acceder a otro tipo de conversación, acceder a otro tipo de ideas. Por eso estoy en Cannes (risas).
P.: Después de ver la película, se sale del cine con la convicción de que el problema del calentamiento global es de una gravedad impostergable. ¿Por qué les cuesta tanto entonces a los EE.UU. incluirlo en su agenda política?
A.G.: Debo reconocer que, durante la gestión Clinton y mía no supimos instalar el tema. No me refiero a que no logramos concientizar a las compañías petroleras o carboníferas, sino al común de la gente. Recuerdo que cuando publiqué, hace 14 años, un libro dedicado a este problema, tuvo mucho más efecto en Europa que en mi país, donde no prendió. Esa es una de las razones por las que me decidí a hacer esta película, porque sé que a través de su difusión en cines y luego en televisión va a tener mucho más impacto, no sólo en los EE.UU., sino en el resto del mundo.
P.: ¿Fue entonces un error político durante su gestión?
A.G.: No lo llamaría así, sino una incapacidad para transmitir el mensaje o para instalar el debate antes de que sea muy tarde.
P.: ¿Ya es muy tarde?
A.G.: Por suerte no, pero no falta mucho.
P.: ¿Cómo cree usted posible instalar este tema en países subdesarrollados, donde hay prioridades no resueltas como el hambre, la pobreza o la criminalidad? ¿No suena este tema en esos países como algo de ciencia ficción?
A.G.: Los líderes de los países en vías de desarrollo deberían estar todavía más alerta, porque son más débiles para enfrentar los efectos de alguna catástrofe. Recuerde el caso del huracán Mitch, en Honduras, que dejó miles de muertos. ¿Cuándo hubo antes huracanes en América Central?
P.: ¿Quién es más eficaz en esta lucha? ¿Los gobiernos o las empresas privadas? ¿Una compañía petrolera o Evo Morales cuando nacionaliza su gas?
A.G.: Creo que la economía capitalista de mercado puede llegar a ser nuestro aliado más firme en esta tarea, en la medida en que en las decisiones económicas se incluyan los riesgos del impacto ambiental. Porque eso es algo que, forzosamente, deberáser así. De manera que, para ser completamente claro, no creo que el capitalismo de mercado forme parte del problema, sino que sólo en él podremos encontrar las soluciones. Desde luego, las tomas de decisión deben ser reformadas y efectuarse teniendo en cuenta no el corto alcance, sino el largo. Los directorios de empresas directamente vinculadas a bienes de explotación deberán incluir en sus debates los riesgos ambientales, que son al mismo tiempo riesgos económicos.
P.: ¿Qué siente cuando ve las toneladas de papel que gastan las compañías productoras de cine en este festival para publicitar sus películas?
A.G.: ¡Un momento! Por los otros no puedo hablar, pero debo aclararle que todos los folletos de promoción de nuestro film han sido hechos con papel reciclado y neutral al carbón. Todos los implementos de mi casa también son así, neutrales. Lo que no sé es si la alfombra roja del palacio del festival será reciclable.
Entrevista de Marcelo Zapata




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