Guerra y críticas
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Podría derivar la guerra a en capsular a las grandes urbes de Irak sin intentar tomarlas. ¿Por cuánto tiempo si la resistencia de las huestes de Saddam Hussein, en la medida en que no se entregan, no se desmoralizan por el espanto de las bombas ni se lamentan tanto como en Estados Unidos por las víctimas van generando adhesiones en el mundo y, fundamentalmente, en el mundo musulmán? Irán, país vecino que peleó una guerra sin vencedores con Irak durante 10 años, hoy mira con simpatía la resistencia de su otrora mortal enemigo. Desde Siria, pese a su neutralidad y que puede ser castigada severamente por su vecino Israel, se infiltran voluntarios y armas hacia Bagdad para sumarse a la resistencia. Pueden tambalear gobiernos árabes, se afirma continuamente -Jordania por ejemplo- si se persiste en la neutralidad ante la inmolación de los iraquíes.
No todo es desesperante y malo para la coalición. En tremendo clima hostil sus bajas son pocas para un conflicto bélico de esta magnitud, aun cuando el número real de víctimas pueda ser ocultado. Claro, también es cierto que no penetran las ciudades que sin duda será lo más sangriento, que el simple desplazarse por el desierto sin tener los iraquíes tecnología, aviación ni tanques para enfrentarse en lucha abierta en las arenas.
También es importante que en casi dos semanas de guerra se va adquiriendo experiencia sobre el terreno de lucha y la calidad del enemigo. Aprendieron los soldados a pelear o cubrirse en enceguecedoras tormentas de arena, a no caer en la ingenuidad de tomar como prisioneros a todos los que se rinden porque se trata de infiltrar quintacolumnistas, se ha probado con vidas a los kamikazes iraquíes, se ha descubierto sus artilugios de guerra (como utilizar escuelas para ocultar armas y efectivos fedayines), se han infiltrado las ciudades que resisten con espías y paramilitares, se ha aprendido que eran exagerados los temores a ataques iraquíes con armas químicas o biológicas. Esto -que usó en el pasado Hussein en forma de genocidio contra iraníes y kurdos- sería lo último y en caso extremo a usar ahora por la simple razón de que, al hacerlo, perdería todo apoyo internacional, desde Francia, Alemania, la ONU y hasta de naciones árabes. Usar tal tipo de armas justificaría en el acto la invasión.
No se sabe cuánto es el daño de los bombardeos de la coalición, sobre todo a Bagdad, pero aunque Saddam Hussein haga apariciones por la televisión de su país (ayer se mostró con sus hijos) nunca hizo referencias concretas a la guerra que permitieran ratificar la actualidad de sus mensajes emitidos. Lo más cuidado en Bagdad es Saddam, ya que perderlo o saberlo herido desalentaría la resistencia. Una curiosidad de esta guerra, que reflejan los noticieros, sobre todo los franceses y alemanes, que por no adherir pueden circular por Bagdad, es que cuando se enfervoriza la resistencia se clama dar la vida por Saddam, mucho menos nombrado es Irak. Quizá consecuencia de 30 años de tiranía que ha alterado el valor del patriotismo por el del personalismo.
También favorece a la coalición que el ejército iraquí no tiene equipos ni para ir a combatir a 2.000 efectivos en el norte por la superioridad aérea total de los invasores. Ni puede volver a perder equipos en salidas esporádicas de contraataque, por ejemplo aprovechando las tormentas de arena donde son mucho más experimentados.
La guerra no parece corta, más aun si se va a un largo sitio de las ciudades sin tomarlas para salvar vidas de civiles y de efectivos de la coalición. Salvo el factor emocional en el resto de las naciones, que podría ampliar el conflicto, esto no sería tan grave, sobre todo si se puede reiniciar la explotación del petróleo iraquí y se paga así los alimentos. Algo justo y humanitario. Dominando Bassora en el sur y Mosul en el norte se podría reanudar la explotación del petróleo.




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