Hace dos años fue declarado demente, pero obtuvo armas
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Lucinda Roy, la profesora que dio clases
particulares al asesino de Virginia Tech y
que alertó reiteradamente acerca de la
conducta perturbada del joven. No fue
escuchada.
A raíz de estas informaciones, expertos se cuestionaban ayer cómo le fue posible al joven conseguir las armas si poseía antecedentes psiquiátricos. Según declararon fuentes del FBI, en el momento que Cho solicitó una de las pistolas que utilizó en la masacre, la Glock 9mm, la agencia de seguridad no contaba con ningún informe que advirtiera sobre su condición, lo que de haber ocurrido le habría impedido comprarla.
Otras señales de preocupación llegaron de Lucinda Roy, catedrática de Filología Inglesa de la universidad, la materia en la que se especializaba Cho. Roy se puso en contacto con la policía para expresar su « preocupación por sus escritos», aunque no hubo una queja formal, indicó Flinchum.
Los textos no expresaban «intenciones amenazantes o aludían a actos criminales» y en esa asignatura se estimulaba el uso de la creatividad, explicó el jefe policial, quien agregó que desde entonces no hubo más incidentes o quejas sobre Cho.
No obstante, sus profesores detectaron que algo le pasaba. Nikki Giovanni, que lo tuvo de alumno en una de sus clases, dijo que su poesía era «intimidatoria y siniestra» por su violencia y relató que otros alumnos estaban nerviosos porque Cho les sacaba fotos con su teléfono celular durante las clases.
Debido a estos episodios, 63 de los 70 alumnos de la cátedra abandonaron temporalmente la clase argumentando que le «tenían miedo a Cho», aseguró el diario «The Washington Post» citando a la profesora. Finalmente Giovanni logró que se lo expulsara de su clase, tras amenazar con dimitir.
La policía analiza estos antecedentes para descubrir qué llevó al joven -que estuvo desaparecido en el último mes- a abrir fuego a primera hora de la mañana del lunes en la residencia West Ambler Johnston Hall, cercana a Harper Hall, donde él vivía, y dos horas después en el edificio de aulas Norris Hall.
Las autoridades universitarias habían creído en un principio que los disparos en West Ambler Johnston, por los que murieron Emily J. Hilscher y Ryan Clark, fueron motivados por un desengaño amoroso y por ello no alertaron a los estudiantes del peligro hasta tiempo después, cuando ya había comenzado el segundo ataque. Ahora muchos dudan de esa hipótesis y el gobernador del estado de Virginia, Tim Kaine, anunció que designará una comisión que investigue la manera en que la universidad reaccionó a la emergencia.




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