Un hombre disfrazado de obispo logró infiltrarse en el Vaticano, en el día de la apertura de las congregaciones generales con miras al Cónclave. El hombre llevaba un hábito y objetos para parecerse a un religioso: una cruz al cuello, una bufanda violeta en lugar de la faja y un traje algo corto.
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Así vestido, logró entrar en el Vaticano y llegar hasta la plaza frente al Aula Paolo VI, mezclándose con los más de cien cardenales que iban llegando para la primera de las Congregaciones.