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En tanto, el presidente salió también a conjurar un conflicto planteado por un grupo de intelectuales y artistas contra la política cultural de su gobierno.
Así, ordenó al influyente secretario de Comunicación, Luiz Gushiken, y al ministro de Cultura, Gilberto Gil, que se reúnan con los artistas disconformes en Río de Janeiro para acordar los criterios que deben regir la política oficial en la materia.
• Críticas
Liderados por el director cinematográfico Cacá Diegues («Bye, Bye, Brasil» y «Dios es Brasileño»), los artistas lanzaron duras críticas contra Gushiken, ya que el funcionario impulsa que las empresas estatales otorguen patrocinio a producciones culturales.
Para lograr este objetivo, los autores de las obras deberán impulsar «la valorización de las tradiciones e identidad nacional» y «contribuir a la descentralización de la cultura y la democratización del acceso a ella», además de propugnar «la inclusión social de las comunidades de bajos ingresos mediante la generación de renta y ocupación social».
Según declaró Diegues días atrás, los nuevos criterios «representan una intervención política e ideológica en la creación artística».
Por su parte, el cineasta Zelito Viana sostuvo que las normas impuestas por Gushiken -uno de los exponentes del Partido de los Trabajadores (PT), de Lula- «parecen normas propias de Albania, antes de la caída del Muro de Berlín».
A juicio de Gil, la polémica saltó por un «malentendido» y aseguró que las políticas para el área cultural serán comandadas por su ministerio y no por la Secretaría de Comunicación.



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