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La declaración del ministro iraquí de Información, que hace varias semanas que no comparecía ante los medios de comunicación, supone la primera reacción de un dignatario del régimen de Bagdad a la reunión de las Azores.
El diario "Babel", editado por Uday Hussein, primogénito del líder iraquí, había sido el único que publicó esta mañana una breve reseña sobre el encuentro, que calificó de "cumbre del mal".
Todos los funcionarios contactados anoche para preguntarles sobre su opinión sobre la cumbre dijeron no tener noticias sobre la reunión, ya que en Irak están prohibidas las antenas parabólicas para captar las cadenas de televisión internacionales.
Eso impidió que los iraquíes siguieran la rueda de prensa que se celebró después de la cumbre, durante la que la televisión estatal del régimen retransmitió una reunión de Saddam Hussein con altos mandos del Ejército.
El líder iraquí aprovechó esa ocasión para amenazar con "extender la guerra a todos los rincones del mundo donde haya un trozo de cielo, de tierra o de mar".
Poco después de la declaración de Al-Sahaf, Estados Unidos pidió a los inspectores de armas de la ONU que abandonen Irak, ante lo que el portavoz de los expertos, Hiro Ueki, comentó que "no tenemos instrucciones todavía en ese sentido".
Ueki agregó que "de todas formas, estamos preparados para irnos".
Los habitantes de Bagdad prosiguen con sus preparativos para protegerse de una situación bélica y muchos comerciantes han comenzado a retirar los productos de sus tiendas para esconderlos.
En el barrio de Mansur, uno de los más exclusivos, los propietarios de las tiendas trasladaron los electrodomésticos y los muebles que tenían expuestos en las vitrinas para guardarlos en los sótanos de sus casas.
Otros muchos han protegido con cinta plástica los escaparates ante la posibilidad de que la vibración de las bombas haga trizas los cristales, una medida que también se ha adoptado en algunas viviendas y en la mayoría los hoteles.
La gente continúa almacenando agua potable, leche, patatas y legumbres, y ante las gasolineras se alinean largas colas de automovilistas que tratan de aprovisionarse de combustible.
El éxodo de periodistas prosiguió con la salida de más grupos de informadores hacia la vecina Jordania y la relación de los que quedan con las autoridades comienza a ser más tensa, después de que los funcionarios les hayan instado a alojarse en sólo tres hoteles.
También es cada vez mayor el control para que los informadores no utilicen sus equipos de transmisión fuera del centro de prensa instalado por el régimen.



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