Irak vivió el atentado más grave: 160 muertos
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Imágenes de la televisión local registraron los minutos después del mortífero ataque. Debido
al caos y para prevenir más episodios como éste, el gobierno declaró el toque de queda.
El primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, pidió en un mensaje por televisión más contención y calma después de los sangrientos atentados. El jefe del Gobierno dijo que «el horrendo crimen cometido por los baazistas (militantes del partido que monopolizó el gobierno durante el régimen de Saddam Hussein) y de los takfiríes (islamistas radicales) supone un peligro para la fraternidad musulmana». Al Maliki condenó los atentados de Ciudad Sadr y criticó a los políticos iraquíes que «avivan el odio sectario y político».
Poco antes de las explosiones, un centenar de hombres enmascarados y armados atacaron el Ministerio de Salud, cuyo titular Ali al-Chemmari es un partidario del terrorista chiita Moqtada al-Sadr.
La agresión «comenzó por disparos de mortero desde el barrio cercano de Al-Fhadel. Después, un centenar de hombres enmascarados y con armas automáticas atacaron el edificio», explicó Al-Chemmari. El ataque, que ocasionó cinco heridos, terminó a última hora de la tarde, cuando el ejército dispersó a los asaltantes, precisó el ministro.
El resto del país tampoco se salvó de los atentados, que acabaron con la vida de 12 personas en Baaquba (60 km de Bagdad). Otros 30 cadáveres fueron encontrados en la región de Hilla, a 100 km al sur de la capital.
Estos episodios de violencia ocurrieron un día después de que el gobierno británico anunciara que sus soldados entregarían el control de la provincia de Basora a manos de las fuerzas de seguridad iraquíes en un plazo de cuatro a siete meses. Coincidió también con un informe de las Naciones Unidas que señaló a octubre como el mes más sangriento desde la invasión de las fuerzas multinacionales en 2003 con 3.700 víctimas civiles.
La reciente victoria demócrata en las legislativas estadounidenses puso en la mira la participación norteamericana en Irak y el presidente George W. Bush prometió pactar con la oposición -desde enero, mayoría- las próximas estrategias a seguir. Entre ellas se baraja la posibilidad de una reducción de tropas o inclusive una retirada. Sin embargo, el aumento de la violencia sectaria impulsa una reflexión en las filas demócratas y republicanas.




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