Biden ratificó la alianza con Israel y dijo que Irán nunca accederá a la bomba atómica

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Puso fin a las dudas que genera en el nuevo Gobierno hebreo su decisión de retomar el diálogo con la República Islámica. Facilita así un entendimiento con el nuevo primer ministro, Naftali Bennett, y trata de superar las reyertas con Benjamín Netanyahu. Llega la hora de la verdad para Teherán.

Washington - El presidente estadounidense, Joe Biden, dio ayer el primer paso hacia la reconstrucción de la relación con Israel, tensa desde su asunción hasta la salida del poder de Benjamín Netanyahu, al asegurar que su compromiso con ese país es “férreo” y al prometer que Irán nunca construirá una bomba nuclear durante su gobierno.

La declaración de intenciones, dada a conocer tras la reunión con el presidente israelí Reuven Rivlin, cobra importancia en momentos en que la Casa Blanca intenta revivir el acuerdo nuclear de la era de Barack Obama, que fue diseñado para poner límites a la capacidad de Irán para construir un arma nuclear, pero fue abandonado por Donald Trump en 2018.

“Irán nunca tendrá un arma nuclear bajo mi supervisión”, les dijo Biden a los periodistas en la Casa Blanca.

Al igual que Trump, Israel se opone a una retomada del acuerdo y lo ve como demasiado laxo, incluso después de que Netanyahu, un aliado clave del republicano, fuera reemplazado recientemente por un frágil gobierno de coalición liderado por Naftali Bennett.

Poco antes de su reemplazo, Netanyahu había señalado que “se produzca o no el acuerdo (entre Estados Unidos e Irán), vamos a hacer todo lo posible para impedir la obtención de armas nucleares por Irán. Así se lo dije a Joe Biden, que ha sido amigo durante cuarenta años”. “Si tenemos que elegir entre la tensión con Estados Unidos, nuestro compañero socio, y eliminar una amenaza existencial, vamos a preferir enfrentar la amenaza”, añadió.

Aunque Bennett es un ultraderechista cuya principal base electoral son los colonos de Cisjordania ocupada, es parte de una alianza que incluye al centroizquierda y hasta a un partido árabe israelí. Su canciller es el centrista Yair Lapid, quien lo sucederá como premier en dos años y quien pretende darle a la relación con Washington el tradicional tono constructivo.

Las dudas se extienden a la nueva administración israelí. El canciller Lapid le expresó el domingo a su homólogo estadounidense, Antony Blinken, “las fuertes reservas” de su Gobierno respecto de las negociaciones para reactivar el acuerdo nuclear iraní. Sin embargo, matizó la tensión al afirmar que desea resolver esas diferencias lejos de las polémicas públicas, al revés de lo que hacía Netanyahu.

“Creemos que estas diferencias (entre Israel y Estados Unidos) deben discutirse en intercambios directos y profesionales”, dijo.

La definición de Biden conlleva para Estados Unidos el riesgo de ratificar un tradicional sesgo proisraelí que predisponga negativamente al liderazgo palestino para una eventual gestión de paz. En lo que respecta a Irán, puede influir sobre la disposición del régimen teocrático para volver a aceptar restricciones a su plan nuclear a cambio de una retirada de las sanciones.

El ultraconservador Ebrahim Raisi fue elegido presidente de Irán recientemente, en reemplazo del moderado Hasán Rohaní, lo que podría afectar las conversaciones en Viena, dicen especialistas.

En ese marco, Irán estudia la posibilidad de extender el acuerdo que garantiza a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) un cierto grado de vigilancia de su programa nuclear, dijo ayer un portavoz oficial.

“Estamos examinando la necesidad (de renovarlo) y toda otra posibilidad”, dijo sin más precisiones Ali Rabii durante una conferencia de prensa en Teherán.

En virtud de una ley aprobada en diciembre por el Parlamento, Irán restringió en febrero el acceso de los inspectores de ese organismo de Naciones Unidas a algunas de sus instalaciones nucleares. Desde entonces, se niega a facilitar los datos en tiempo real de las cámaras y otros instrumentos de supervisión instalados en ellas.

No obstante, ambas partes negociaron un compromiso que garantiza cierta vigilancia, de modo que el equipamiento queda bajo la custodia del organismo, pero los datos están en manos de Irán y no deben ser borrados mientras el entendimiento siga en vigor.

Después de tres meses en vigor y uno de prórroga, este acuerdo expiró el 24 de junio y, desde entonces, el organismo de control nuclear presiona a Irán para conocer sus intenciones.

Esta cuestión forma parte de las conversaciones que se están llevando a cabo para intentar salvar el acuerdo nuclear firmado por Irán con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania, alcanzado en Viena en 2015.

El pacto ofrece a Teherán un alivio de las sanciones occidentales y de la ONU a cambio de su compromiso de no dotarse de armas atómicas y de reducir drásticamente su programa nuclear, sometido a las inspecciones más estrictas jamás establecidas por el AIEA.

En 2018, el expresidente de Estados Unidos Donald Trump se retiró del acuerdo y restableció las sanciones estadounidenses que el texto había levantado. En represalia, Irán abandonó la mayoría de sus compromisos para restringir sus controvertidas actividades nucleares.

Según la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, aún no se ha fijado una fecha para un viaje de Bennett a Washington, pero “el presidente (Biden) desea recibir al primer ministro y lo hará pronto”.

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