29 de junio 2004 - 00:00

Izquierda inquieta; blancos optimistas

Montevideo - La exigua diferencia de menos de 2 puntos entre quienes votaron el domingo en la inter-na de la hasta ahora favorita coalición de centroizquierda Nueva Mayoría, de Tabaré Vázquez, y el renovado Partido Nacional (blanco), con su candidato reformista Jorge Larrañaga, se constituyó ayer en el elemento político más trascendente de las elecciones primarias uruguayas, antesala de las presidenciales de octubre-noviembre.

La alianza de los partidos Frente Amplio, Encuentro Progresista y Nuevo Espacio obtuvo 43,11% de los votos válidos emitidos el domingo contra 41,19% de los blancos.

El otro dato de interés es la aplastante victoria interna de Larrañaga, con un discurso progresista con mezcla de estatismo. Su contrincante, el ex presidente Luis Alberto Lacalle, quien gobernó el país entre 1995 y 2000, no logró convencer con su propuesta más clara en cuanto a economía de libre mercado y privatizadora. Es que la sociedad uruguaya ha acentuado en los últimos dos años su tendencia hacia un proteccionismo estatal que está presente desde hace tiempo, alejado, en muchos casos, de contaminantes ideológicos.

En ese sentido, en nada ayudó la criticada gestión de Jorge Batlle, a quien los uruguayos le reprochan todos los males sufridos en los últimos años -fiebre aftosa, crisis financiera, pérdida ostensible de poder adquisitivo-, influidos, en parte, por las crisis de Brasil y la Argentina.

Batlle, Julio Sanguinetti y Lacalle -cabezas visibles de los partidos Colorado y Blanco, que se han alternado en el poder desde el advenimiento de la democracia-pasaron a representar un pasado reciente que los uruguayos quieren mejorar, aunque no saben cómo, y se volcaron hacia propuestas de tipo progresista como las que impulsan Vázquez y Larrañaga, uno con un giro hacia el centro en los últimos meses, y el otro con un vuelco hacia la izquierda desde la derecha tradicional y conservadora del Partido Nacional. Entre los dos concentran hoy casi 85% de la intención de voto.

• Desgaste

En un lejano tercer puesto, con 14,96%, quedó el otro político en discordia: Guillermo Stirling. Es que el ex ministro del Interior pagó con creces su pertenencia a un desgastado gobierno que no encontró la brújula desde la crisis de 2002, y que tampoco pudo transmitir con éxito los logros aislados en algunas áreas, como la política de turismo, el crecimiento de las exportaciones y aun la prolijidad con que se rene-goció la deuda externa. Lo ocurrido en estos rubros no se notó en la economía diaria, como tampoco los números de la macroeconomía, ya que el uruguayo medio padece aún de ingresos bajos y falta de empleo y de horizontes laborales.

Tampoco ayudaron las excentricidades de Batlle, convertido hoy en el mariscal de la baja performance del Partido Colorado y blanco de las críticas de la dirigencia política -aun la de su propio partido-y la de la sociedad en general.

El otro dato a tener en cuenta es la fuerte abstención electoral en un país que se caracteriza por una generosa politización en casi todos los estratos de su sociedad. El más afectado por esto, sin dudas, fue el Frente, ya que en la intimidad la coalición esperaba una avalancha de votos que prácticamente la pusiera en el umbral de la Presidencia de la República.

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