Jefes partidarios zanjarían la puja
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Ante la posibilidad de que la burocracia demócrata defina quién será el candidato presidencial del partido, la figura de Bill Clinton adquiere un enorme peso en la seducción de los llamados «superdelegados».
«Para la opinión pública parece un retroceso al sistema antiguo y corrupto», describió al diario el politólogo Larry Sabato. Y ni siquiera los propios superdelegados parecen conformes con el panorama: «no creo que querramos ese regreso», dijo a «The New York Times» el senador por Florida, Bill Nelson.
Los equipos electorales de Obama y Clinton mueven todos los resortes para atraer a la élite partidaria. En este sentido, la ex primera dama parece contar con mejores posibilidades de éxito gracias a su marido y ex presidente, Bill.
«The New York Times» se refirió a «dividendos de la larga relación entre los Clinton y la cúpula del partido y funcionarios selectos». Los mismos seguidores de Obama reconocen su desventaja: « Sería un error y una catástrofe si los superdelegados -representantes del establishment- aparecieran para torcer la voluntad de los votantes», lamentó el ex candidato presidencial John Kerry, que apoya al senador por Illinois. (Por ahora, Hillary habría convencido a 193 contra 106 de Obama).
La maquinaria, sin embargo, ya está puesta en marcha. Cada semana, ambos candidatos se reservan varias horas para comunicarse personalmente con superdelegados indecisos. En los casos más complejos, el propio Bill Clinton o su hija Chelsea se ponen al teléfono. Los cortejados corren el riesgo de ahogarse en elogios: «Todo el mundo nos bombardea con e-mails», relató a «The New York Times» Donna Brazil, que ocupa un alto puesto en la estructura del partido.
Si todas las opciones fracasan y ni siquiera los superdelegados llegan a una decisión definitiva, los demócratas podrían verse condenados a lo que en Estados Unidos se denomina una «Brokered Convention», una candidatura negociada.
Incluso el presidente del partido, Howard Dean, se refirió hace poco a esa posibilidad, aunque confió en que en marzo o abril la balanza ya se haya decantado.




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