31 de marzo 2003 - 00:00

Kirchner busca River para cambiar de suerte

En la Casa Rosada es un secreto a voces que Néstor Kirchner todavía no figura como protagonista de un eventual ballottage en ninguna de las encuestas que consume Eduardo Duhalde, sobre todo las de su libreta de hule (realizadas por un equipo cautivo en las terminales ferroviarias) y las de la Policía Federal (le entregaron una el jueves). Si bien al periodismo se le dice que «el problema es que Néstor está empatado con 'el Turco'», la dolorosa verdad del gabinete es que en el segundo puesto de las encuestas oficiales, ciertas o falsas, figura Adolfo Rodríguez Saá. Un ballottage entre Menem y Rodríguez Saá es demasiado para Duhalde, ya que la política se ha vuelto despiadada en el país, y que gane el adversario (los dos lo son) puede significar noches de insomnio o pesadillas de cárcel.

Sólo desde esta perspectiva se puede comprender el esfuerzo que realizará el duhaldismo, impulsado por su jefe, para llenar la cancha de River este miércoles con «militantes» de todo el conurbano. Llenar es un decir: con 30.000 personas en las tribunas se genera la sensación de que hay 50.000 y el acto termina siendo un éxito con la colaboración de un buen director de cámaras.

El acto en River es un desafío para cualquier campaña electoral, sobre todo desde que Carlos Menem llenó dos veces el estadio, para su enfrentamiento con Antonio Cafiero en 1988 y para la pelea final con Eduardo Angeloz, en 1989. Pero River parecía más grande para Menem en aquel entonces: competía desde La Rioja, que era casi el llano, y enfrentaba al gobierno en ambos casos. Al de la provincia en la interna, al de la Nación en la general. Por eso «River I» y «River II», como se conoce a esas concentraciones en la historia íntima del menemismo, dieron vuelta la campaña en ambos casos y le permitieron a su gestor, Luis Barrionuevo, sentarse en la primera fila del poder del nuevo régimen.

Ahora es distinto. Duhalde cuenta con una maquinaria de poder considerable porque acumula aquellos dos recursos que antes estaban en poder de los adversarios de Menem: controla los recursos del Estado nacional y también los de la provincia, además de una cadena de intendentes que componen el alto mando de su organización en el conurbano. Con la base de estas ventajas, que se traduce en una logística formidable, se puso a trabajar la «cuadrilla». Allí llama el Presidente al equipo que suele satisfacer sus deseos referidos a la interna peronista (el único terreno donde «Negro» abandona la apatía que manifiesta en otros campos, como el de la política nacional, la internacional o la gestión lisa y llana). Es el mismo equipo que en su momento le organizó, teléfono y -dicen- billetera en mano, los congresos que permitieron la organización de un calendario electoral a la medida de su sector (Parque Norte y Obras Sanitarias) y también la supresión de la interna partidaria para candidatos a presidente (Lanús). La «cuadrilla» la encabeza Carlos Catterbetti, el titular del Comité Federal de Radiodifusión, y figuran también en ella «los Hugos», Toledo y Curto, Juan José Mussi (se imponía ayer en Berazategui con más facilidad de la que exhibe para que Kirchner crezca en las encuestas distritales que encarga Duhalde, que son las que importan en Olivos). Con independencia de las anécdotas, la dependencia bonaerense del gobernador de Santa Cruz es mucho mayor que la que supuso Duhalde cuando señaló a su heredero.

Que el acto que el duhaldismo realiza para Kirchner sea tan prematuro es un mal augurio para el candidato. Como lo fue que esa corriente haya querido «escriturar» sus candidaturas ayer, casi un mes antes de las elecciones presidenciales, de tal manera que una eventual derrota del patagónico no arrastre al «aparato» bonaerense. En estas estrategias proselisitas no se puede mentir ni hacer acción psicológica, como con las encuestas.

Normalmente, el esfuerzo de River es el broche de una marcha más o menos triunfal. Pero el delfín del gobierno necesita un shock ahora para llegar con alguna perspectiva de éxito al 27 de abril. Por eso, intentará mover el amperímetro 25 días antes y dejará para después desafíos menores: un acto en Rosario (el miércoles o jueves de la semana que viene) que se le encomendará a Jorge Obeid y otro en el estadio Chateau Carreras de Córdoba, para el 24 de abril. Tanto los rosarinos como los cordobeses a los que desde la Casa Rosada les confiaron la suerte de Kirchner estarán mirando en defensa propia lo que suceda en River, no vaya a ser que se demuestre antes de tiempo que han hecho la apuesta equivocada.

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