La cumbre del G-8 cerró con una fuerte advertencia a Irán y Norcorea

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Heiligendamm, Alemania (AFP) -Los líderes del G8 se marcharon a casa ayer con algunas conquistas -un acuerdo sobre el clima y una ayuda para Africa- y varias inquietudes, como Kosovo o la agonizante Ronda de Doha, y, ante todo, tras haber amenazado a Irán con tomar "medidas" por sus planes nucleares.

Al cabo de una jornada maratoniana, en la que Africa y los países emergentes, como Brasil y México, acapararon protagonismo, se conocía el balance de tres días de una intensidad diplomática frenética en el balneario de Heiligendamm, en el noreste de Alemania.

En la lucha contra el calentamiento global, tema estrella de esta cumbre, los ocho países más industrializados (Estados Unidos, Alemania, Japón, Gran Bretaña, Francia, Italia, Canadá y Rusia) llegaron a un acuerdo de mínimos, en el que reconocen la necesidad de reducir "sustancialmente" sus emisiones de gases de efecto invernadero pero, debido a la oposición de Estados Unidos, no mencionan objetivos numéricos.

Con Irán, cuyo programa nuclear trae de cabeza a la comunidad internacional, los Ocho fueron más contundentes, al advertirle que se tomarían "nuevas medidas", es decir sanciones, si Teherán persiste en su negativa de suspender el proceso de enriquecimiento de uranio, según un comunicado final.

Los planes de Irán han desatado una crisis en la comunidad internacional, que lo acusa de escudarse en su programa nuclear civil para fabricar bombas atómicas.

En el capítulo de las advertencias, el G8 también exhortó "de manera urgente" a Corea del Norte, que el jueves efectuó disparos de ensayo de misiles de corto alcance, a renunciar a este tipo de pruebas y a sus programas nucleares.

En cuanto a las negociaciones de la Ronda de Doha para la liberalización de los mercados en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Club de los Ricos abogó por relanzar las conversaciones, estancadas por discrepancias en torno a los subsidios agrícolas.

Con Africa, el G8, contra todo pronóstico, se portó de manera espléndida, al prometer 60.000 millones de dólares suplementarios para luchar contra el sida, la malaria y la tuberculosis, de los cuales Estados Unidos aportará la mitad.

Además revalidó su compromiso adoptado hace dos años en la cumbre de Gleneagles (Escocia), que consistía en duplicar sus ayudas a Africa en 2010 respecto a 2004.

Pero, en el apartado de Kosovo, las diferencias eran demasiado abismales para llegar a un acuerdo, debido a la oposición de Rusia, que rechaza la independencia de esta provincia serbia.

"Los puntos de vista siguen siendo divergentes" sobre el estatuto de Kosovo, de mayoría albanesa, resumió la presidencia alemana de la cumbre.

Los jefes de Estado y de gobierno de los ocho países más poderosos del planeta se mostraron "muy preocupados" por el deterioro de la situación en Darfur, provincia del oeste de Sudán carcomida por una guerra civil.

Esta cumbre apagó las luces sin haber aceptado en su seno, en igualdad de condiciones, al grupo de los cinco países emergentes, integrado por Brasil, México, China, India y Sudáfrica.

En una rueda de prensa, a la pregunta de si los cinco países emergentes deberían o no entrar a formar parte del G8, Merkel contestó con un "por el momento, mi opinión, es no".

En todo caso, la cumbre del G8 puso en marcha un diálogo estructurado y permanente con esos países, bautizado como "el proceso de Heiligendamm", subrayó la canciller alemana.

En la calle, los militantes antiglobalización despidieron esta cumbre con alegría.

Casi 2.500 personas participaron en una manifestación en el puerto de Rostock, durante la cual rasgaron una copia de la declaración final.

Así decían adiós a una cumbre que han intentado impedir con protestas por tierra, mar y aire.

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