Ysidro, California - Cuando aprietas un globo hinchado, el aire se dispersa hacia otros lados. Es la analogía que usa Dane Bowen, agente especial en la frontera de San Ysidro (California), para intentar explicar su trabajo en inmigración: «Podríamos tener 400 agentes en cada punto trabajando las 24 horas y no lograríamos parar el problema».
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Bowen es uno de los 5.600 agentes especiales que tratan de controlar el paso de extranjeros por la frontera de San Ysidro entre México y EE.UU. Es el punto fronterizo más activo del mundo, por el que pasaron 50 millones de personas en 2005, según el Departamento de Seguridad de EE.UU. En esta puerta de entrada, sólo durante el pasado año, detuvieron a 54.000 inmigrantes ilegales, decomisaron 110.000 kilos de droga y se realizaron 37.000 detenciones de criminales.
Y aquí está Bowen, cada día, tratando de identificar a lo que el califica como «aliens» ilegales. «Es cierto que es una palabra bastante desagradable, pero nos hemos acostumbrado a usarla», comenta mientras muestra los diferentes aparatos que se utilizan en la frontera. Pero ni la tecnología más avanzada detendrá a los inmigrantes. Son los 37 carriles para vehículos y los 20 para peatones lo que confiere a este lugar la imagen de peaje inmenso. Pintados de amarillo chillón, cada carril está dotado con una máquina de rayos X que examina los coches.
El agente Pascual, mexicano de origen, muestra el parte en el que ha consignado por escrito la detención de un joven compatriota de 15 años que intentaba hacer entrar a otro mexicano por 300 dólares. «Es lo normal; cualquiera puede ser un coyote.» Así se llama aquí a los traficantes de seres humanos; son coyotes que husmean, que recorren y conocen todos y cada uno de los rincones de una frontera inabarcable.
«Los jóvenes norteamericanos que van a México a pasar unos días son el blanco más fácil para las redes», comenta Pascual. «Por un poco de dinero, aceptan hacer entrar a extranjeros y piensan que no los vamos a descubrir.» La primera multa que se impone a un ciudadano estadounidense es de 5.000 dólares, la segunda asciende a 10.000. «Estamos aquí para intentar cambiar los hábitos de la gente.»
«Todo lo que pasa aquí tiene que ver con el dinero, sólo con eso», indica Pascual a pie de frontera. Su labor, pese a todo, es identificar y detener a quienes cruzan la frontera sin permiso. Y quienes lo hacen usan métodos de los más dispares. En enero descubrieron el túnel subterráneo más sofisticado y largo que se ha encontrado. Se hizo con pico, pala y máquinas perforadoras. «Era como ocho campos de nuestro fútbol», recuerda Mark Wood, agente especial de narcóticos. «Esta es la única parte de EE.UU. en la que sigue habiendo túneles.» Pese a los meses de investigación que precedieron al descubrimiento, sólo lograron detener a una persona. «Suelen matar a quien construye los túneles para que no cuenten nada.»
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