28 de octubre 2002 - 00:00

La herencia que recibirá

Lula Da Silva recibirá un país con un Producto Bruto Interno (PBI) de 500.000 millones de dólares y 174 millones de habitantes, que en los últimos años dejó de crecer. Apenas lo hizo a la tasa en que creció la población.

Si bien muestra un superávit primario de 3,8% del PBI, en función a las metas pactadas con el FMI, la situación fiscal no dista de ser holgada. Sobre todo en términos de los compromisos financieros que totalizan más de 220.000 millones de dólares.

A pesar de ello el ajuste de las cuentas externas fue muy importante. En los últimos años Brasil pasó de un déficit de cuenta corriente de 4,60% del PBI a menos de 2,3% este año.

• Comercio exterior

El saldo de la balanza comercial es uno de los reflejos de este ajuste, ya que aumentó de 2.600 millones de dólares a cerca de 10.000 millones en 2002.

Las exportaciones ascienden a 58.000 millones de dólares mientras que las importaciones suman unos 48.000 millones de dólares.

La caída de la inversión directa externa es otro reflejo del ajuste del sector externo. Se pasó de un flujo de 30.000 millones de dólares anuales a 15.000 millones.

La tasa de interés nominal, hoy en 21% anual, es uno de los obstáculos que tienen las autoridades económicas para reactivar la economía doméstica. En términos reales, el costo del dinero es uno de los más altos del mundo y conspira contra cualquier iniciativa de inversión productiva.

Pero la suba de la tasa de interés decidida por el Banco Central, hoy en manos de
Arminio Fraga, no solo apunta a frenar el avance del dólar sino a contener las expectativas inflacionarias.

Al respecto las metas inflacionarias pactadas con el FMI han sido vulneradas y se teme cierto relajamiento en cuanto a la política monetaria y fiscal.

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