La hora de Obama

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En ocasión de la conferencia de prensa conjunta entre Barack Obama y Michelle Bachelet, el martes pasado en la Casa Blanca, un periodista estadounidense recordó un conocido sarcasmo de décadas pasadas: «Nunca hay golpes de Estado en Estados Unidos, porque no hay embajada estadounidense».

Ello fue calificado como una «buena broma» por ambos presidentes, mientras los periodistas chilenos que acompañaban a Bachelet presionaban para sacarse una foto con el demócrata en los jardines aledaños.

Pero el cronista norteamericano insistió y consultó sobre una «disculpa histórica por la intervención sangrienta de la CIA en casi toda Latinoamérica».

Obama respondió: «Estoy interesado en ir adelante, no mirando hacia atrás. Pienso que EE.UU. ha sido una fuerza enorme para el bien en el mundo y que hubo épocas en que hemos incurrido en equivocaciones. ¿Acaso no fui muy claro en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago cuando dije que estamos interesados en una asociación que aborde cómo podemos mejorar las condiciones de la vida cotidiana de la gente común?

El golpe de Estado de ayer en Honduras, brutal en su obscenidad, pone al presidente estadounidense ante la oportunidad de establecer en blanco sobre negro el alcance de la «nueva era» que el demócrata proclamó para sus relaciones con el mundo, y en particular con Latinoamérica.

  • Venezuela 2002

    El último antecedente de un escenario similar al hondureño hoy es la Venezuela de 2002. El desenlace de aquella de por sí extemporánea revuelta cívico-militar dejó en evidencia, entre otras cosas, los errores de cálculo de los golpistas y del par de gobiernos extranjeros que, al menos, incurrieron en el error de apresurar su beneplácito por la caída de Hugo Chávez.

    La administración Bush respondió entonces con reflejos y lógica de décadas previas.

    La reacción del Gobierno estadounidense ayer demostró un primer paso que, sin ser enfático, fijó claramente la postura de la «nueva era». «Estoy sumamente preocupado por informes provenientes de Honduras sobre la detención y expulsión del presidente Manuel Zelaya. Hago un llamado a todos los actores políticos y sociales en Honduras para que respeten las normas democráticas, el Estado de Derecho y los principios de la Carta Democrática Interamericana», re-marcó Obama en un comunicado. Y bregó por «un diálogo sin ninguna inter-ferencia externa». En igual sentido, la «condena» de Hillary Clinton fue explícita.

  • Aislamiento

    En todo el continente, desde la «profunda consternación y el rechazo» de Álvaro Uribe a la «batalla continental» de Chávez, dejan claro el aislamiento que deberán afrontar los golpistas.

    Mientras pasen las horas y los días, Obama tiene la oportunidad de demostrar en los hechos sus postulados. Ello se jugará en las medidas concretas, la presión sobre los protagonistas del golpe, las sanciones económicas y políticas y el sostenimiento en el tiempo de las posturas esbozadas. El eventual triunfo del golpe en Honduras, con un reconocimiento tardío o temprano de la máscara que de allí surja, significará un punto de inflexión en la lógica en que se resuelven los conflictos políticos que atraviesan el continente. Marcará el fin de un ciclo en el que duras disputas que dividieron a las sociedades supieron resolverse con las -a veces degradadas-reglas de juego de la democracia.
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