16 de noviembre 2006 - 00:00

¿La izquierda vira al centro?

París - Segolene Royal aprovechó el lunes a la noche un mitin autocomplaciente en un polideportivo de la capital francesa para calificar a Laurent Fabius y Dominique Strauss-Kahn de machistas. Era una manera de devolverles sus comentarios sexistas -«esta señora tendría que estar en casa con sus cuatro hijos», comentaron ambos-, pero también una forma de convertir su propio género en argumento de peso electoral: «Es hora de que el destino de Francia repose en las manos de una mujer».

El matiz partidario redondea el insólito fenómeno del segolenismo. Una variante del socialismo que desconcierta a la izquierda por una razón fundamental: puede que Royal no sea la candidata ideal de los militantes y que carezca de envergadura de estadista, pero casi todos ellos piensan también que es la única capaz de imponerse a Nicolas Sarkozy.

El objetivo de recuperar la Presidencia -Jacques Chirac se hizo con ella hace 12 añosse ha impuesto a las cuestiones programáticas e ideológicas. Hasta el extremo de que Royal ha cuestionado la conquista histórica de las 35 horas, ha recomendado la terapia militar para los adolescentes violentos y ha promovido la idea de controlar a la clase política con jurados populares.

Ninguna de las tres propuestas figura en el programa de referencia que el PS y ella misma habían aprobado antes de iniciarse las convulsas primarias, pero confirman la transversalidad de Royal en busca de un electorado donde puedan reconocerse ciudadanos de toda condición e ideología. Una fórmula que se antoja esencial para desafiar al derechista Sarkozy. El problema es que la candidata socialista no se mide hoy con los simpatizantes de izquierda ni con los electores al uso, sino únicamente con quienes disponen de carné de militante o de adherente.

Hablamos de 217.000 personas. Incluidas las 80.000 que se han incorporado al sufragio gracias a una fórmula de adhesión menos comprometida que la militancia ortodoxa. La ideó François Hollande para elevar la participación y conceder vitalidad a las primarias, aunque los adversarios de Segolene consideran que era una medida interesada. Ya se sabe, Hollande no es sólo el primer secretario del Partido Socialista. También es el cónyuge de Madame Royal y el más interesado en recuperar la herencia desperdigada de François Mitterrand.

Los tres candidatos de las primarias se han declarado públicamente hijos mayores de la Esfinge, pero toda la unanimidad que han declarado en el culto al presidente ha sido inversamente proporcional a las malas formas y al veneno que ha circulado en el epílogo de la campaña.

Los videos clandestinos, las descalificaciones y las discrepancias de fondo redundan en la sensación de que el PS es un partido heterogéneo y dividido. Puede que Royal consiga el impulso de la mayoría absoluta que le conceden los sondeos, pero su victoria significaría no tanto un triunfo del socialismo como tal, sino del segolenismo.

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