"Las divisiones desfiguran a la Iglesia y hay que superarlas"
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En su última homilía habló de "hipocresía religiosa" y "rivalidades".
Visiblemente emocionado, el Papa admitió ser "profundamente consciente de la gravedad de tal gesto", pero reiteró "no tener ya la capacidad de ejercer el ministerio petrino con el vigor que el mismo requiere".
"Sigan rezando por el futuro Papa y por la Iglesia", pidió el Papa ante unos 3.500 fieles congregados en la sala Pablo VI del Vaticano para su penúltima audiencia general.
Acogido con los gritos de "¡Benedetto!, ¡Benedetto!", el pontífice, vestido con la tradicional sotana blanca, agradeció el caluroso recibimiento: "Doy gracias a todos por vuestro amor y vuestras oraciones".
Improvisando ante la multitud, Benedicto XVI confesó que "en estos días nada fáciles" siente "casi físicamente el amor" de los peregrinos frente a una decisión de tal envergadura, anunciada el lunes pasado, que conmocionó a una Iglesia de 1.200 millones de fieles.
Durante la tradicional catequesis, ya más tranquilo pero con el cansancio dibujado en el rostro, el Papa habló de la Cuaresma y de las tentaciones de Jesús durante los cuarenta días que pasó en el desierto.
Como es habitual durante las audiencias semanales, el Papa saludó en varios idiomas y envió en español un particular abrazo a los peregrinos de España, Perú y México, que enarbolaban sus banderas.
"Gracias Santidad", se leía en un enorme cartel en italiano.
La ceremonia del miércoles, que suele oficiarse en la basílica de Santa Sabina, en la colina romana del Aventino, fue trasladada por el Vaticano a San Pedro por el deseo de numerosos cardenales de asistir a ella.




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