20 de noviembre 2002 - 00:00

Las polémicas listas del FBI

Washington (ANSA) - El 1984 de George Orwell llegó, demorado, a Estados Unidos, ya que miles de personas inocentes fueron «marcadas» por la presencia de su nombre en la «lista negra» distribuida por el FBI poco después de los atentados del 11 de setiembre de 2001.

A menudo criticado por no haber intercambiado con otras agencias la información de inteligencia que tenía el 1 de setiembre pasado, el FBI distribuyó a las policías locales y numerosas empresas privadas su «watch list», que incluye personas no necesariamente sospechadas de terrorismo aunque «pasibles de observar». El FBI le dio la lista a las empresas de alquiler de automóviles, grandes bancos, hoteles, sociedades que reúnen datos sobre consumidores y hasta casinos de Las Vegas. También la recibieron las empresas consideradas vulnerables a un ataque terrorista: transportistas de carga, industrias químicas y operadores de establecimientos nucleares.

Esta iniciativa, denominada Project Lookout, es la mayor experiencia de inteligencia compartida jamás emprendida por el FBI con el sector privado.

Luego de un año, algunas empresas incluyeron en la lista su propio banco de datos, usándola también para sus búsquedas de empleados y para controlar a su clientela. Esta dinámica de los hechos llevó a que el FBI perdiera «completamente» el control sobre la lista, como lo admitió Art Cummings, responsable del sector de análisis estratégico de antiterrorismo del FBI. Luego, cuando la agencia federal dejó de actualizarla, hace más de un año, «olvidó» avisarles a esas empresas.

Así, sólo como ejemplo, jamás terminaron los problemas para los hermanos Atta de Texas, hace tiempo exculpados y sin vínculo alguno con su pariente homónimo que comandó los secuestradores kamikazes del 11 de setiembre.

Tampoco Mark Deuitch, un financista de Carolina del Norte que intermedia para inversores de Medio Oriente, encuentra la paz. El 11 de setiembre de 2001 subió a un avión con un pasaje comprado por uno de sus clientes sauditas. Desde entonces, las esperas en los aeropuertos se le volvieron insoportables.

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