7 de junio 2022 - 00:01

El rechazo final de López Obrador a ir a la Cumbre de las Américas expone las limitaciones de EE.UU.

El presidente de México se confirma como uno de los líderes de la izquierda regional. Biden, bajo presión para no mostrarse blando antes de la elección de mitad de mandato de noviembre. El traspié le impide influir como quisiera en América Latina.

ANUNCIO. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, confirmó que no concurrirá a la Cumbre de las Américas.
ANUNCIO. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, confirmó que no concurrirá a la Cumbre de las Américas.

Ciudad de México - La negativa del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, a asistir a la Cumbre de las Américas que organiza esta semana Estados Unidos debido a disputas sobre la lista de invitados destaca cómo los líderes de izquierda de América Latina están buscando una política exterior cada vez más independiente de Washington.

El mandatario había dicho que no iría a la cumbre de esta semana en Los Ángeles, encabezada por el presidente Joe Biden, a menos que se invitara a todos los gobiernos de la región. Ayer cumplió con la advertencia cuando Washington dijo que no invitaría a sus antagonistas Cuba, Nicaragua y Venezuela por motivos de derechos humanos y deficiencias democráticas.

La línea firme de López Obrador en las últimas semanas ganó el respaldo de otros gobiernos de izquierda en América Latina, ansiosos por enfrentarse al “Tío Sam”, avivando la tensión diplomática justo cuando Washington intenta volver a comprometerse con sus vecinos del sur.

El expresidente costarricense de centroizquierda Luis Guillermo Solís dijo que la determinación de López Obrador de clamar por una discusión incluyente mostraba sus credenciales antiimperialistas, un tono que tiene siglos de resonancia en la región.

“La forma más fácil de hacerlo es peleando simbólicamente con los Estados Unidos”, dijo. “Es un recurso conocido en la zona”, agregó.

Temas

La cumbre busca promover la unidad democrática, pero la disputa expuso las divisiones entre Washington y los gobiernos simpatizantes del presidente cubano Miguel Díaz-Canel, el nicaragüense Daniel Ortega y el venezolano Nicolás Maduro, autoproclamados izquierdistas y que durante mucho tiempo han sido vilipendiados por la política exterior estadounidense.

Los líderes izquierdistas de Argentina, Bolivia, Chile y Honduras se hicieron eco de los sentimientos de López Obrador, tomando por sorpresa a los funcionarios estadounidenses, que tuvieron que trabajar para asegurarse de que Biden no se quede este miércoles hablando ante sillas vacías. (N. de la R.: con todo, Alberto Fernández, presidente de la CELAC, y Gabriel Boric asistirán a la cita).

Biden está bajo la presión interna de los republicanos, así como de algunos compañeros demócratas, para que no se muestre blando con Cuba y Venezuela ante la proximidad de las elecciones de noviembre, que determinarán si su partido mantiene el control del Congreso.

La controversia corre el riesgo de eclipsar el deseo de Washington de evitar un retroceso democrático en la región, dijo John Feeley, embajador estadounidense retirado y veterano diplomático en Latinoamérica que ayudó a organizar cumbres regionales anteriores.

Feeley también señaló preocupaciones sobre el presidente de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro, que socava la confianza en las elecciones de octubre de su país y el intento del presidente salvadoreño, Nayib Bukele, para buscar la reelección a pesar de los límites constitucionales del mandato.

“Las cosas van a seguir siendo turbulentas”, dijo Feeley.

Precedentes

En marzo, Cuba comenzó a dictar sentencias de prisión de hasta 30 años a decenas de personas arrestadas el año pasado en las mayores protestas antigubernamentales desde la revolución de 1959.

Ese mes, Citlalli Hernández, secretaria general del partido gobernante de López Obrador, encabezó una delegación a la isla de gobierno comunista antes de que él mismo fuera en mayo, elogiando al Gobierno y firmando un acuerdo para traer médicos cubanos a México.

Hernández elogió lo que llamó la propia versión cubana de la democracia participativa, sus logros en salud y educación, y rechazó cualquier sugerencia de que fuera una dictadura. “Nosotros respetamos profundamente el proceso de revolución cubana”, dijo la senadora de 32 años. Su apoyo apunta al modelo de partido único de Cuba entre una franja de la izquierda de América Latina, lo que subraya una marcada división con el Partido Demócrata de centroizquierda de Biden.

Si bien Biden revocó en parte algunas de las sanciones más duras de su predecesor republicano Donald Trump, él y la mayoría de los demócratas siguen siendo severos críticos del historial de Cuba en materia de democracia y derechos humanos.

Agencia Reuters

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