24 de agosto 2005 - 00:00

Los dilemas de un soldado argentino

Homesh - El soldado israelí de origen argentino Dan Corfas tiene la cabeza inundada de imágenes almacenadas en la última semana, pero entre todas una le duele especialmente, ya que «todavía me veo echando abajo la puerta de una casa en la colonia de Neve Dekalim y sacando por la fuerza a un hombre que podía ser mi padre».

Nacido en Buenos Aires hace 23 años, este joven militar vivió probablemente una de las semanas más difíciles de su vida expulsando a colonos de los asentamientos de Neve Dekalim,
Katif, en la Franja de Gaza, y Homesh, en Cisjordania.

«Yo rompí la puerta de aquella casa. Fue la primera de todas y fue terrible. La madre y los chicos salieron caminando pero hubo que arrastrar al padre hasta el colectivo que lo esperaba», recordó.

Armado únicamente con un chaleco azul y una botella de agua, Dan esperaba ayer su turno de intervenir en el interior de una escuela religiosa de Homesh, donde se habían atrincherado algunas decenas de jóvenes.

Será su última misión de esta operación militar bautizada «Una mano tendida a los hermanos» que concluyó ayer con la evacuación de 21 colonias de Gaza y cuatro de Cisjordania.

Desde el interior, los jóvenes lanzaban a los soldados aceitunas, huevos, zanahorias y otros alimentos mezclados en una especie de pasta repugnante.

«Hubo cosas peores», minimizó. «La primera noche que entramos en Neve Dekalim, los jóvenes nos comparaban con los peores enemigos del pueblo judío. Fue horrible oír de nuestros propios conciudadanos insultos como 'nazi', 'criminales' o 'traidor'», recordó.

Prepararse para esta misión especial costó a Dan y a otros miles de soldados varias semanas de entrenamiento, largas discusiones con sus superiores y varios simulacros de evacuación.

«No obstante, en varias ocasiones durante estos días, me he tenido que parar y alejar cinco minutos del grupo para recuperarme del impacto que me producían algunas escenas», admitió.

Esa formación le sirvió para pasar horas enteras hablando con familias, pidiéndoles que cooperaran y que no los obligaran a usar la fuerza.

• Contraste

«A todos les dije que no quería lastimarlos. Siempre quise que salieran de sus casas de la manera más digna posible o de la forma en que ellos creían más conveniente», afirmó, con una cara de niño que contrastó con las respuestas firmes y serias.

Educado y tímido, Dan reconoció sin embargo que el pasado fin de semana fue especialmente duro.
«Lo pasé hablando con mi familia y con mi novia. No sabía muy bien qué decirles, no sé qué siento todavía», explicó.

A punto de terminar el segundo de los tres años del servicio militar obligatorio, este soldado argentino ya se comprometió con otros tres. Normalmente, está destinado al ministerio de Defensa en Tel Aviv.

Seguro de sí mismo, Dan aseguró no haber tenido dudas durante estos días, ni siquiera cuando veía cómo sus compañeros de unidad se derrumbaban moralmente.
«En el ejército no tenemos derecho a elegir nuestra misión», afirmó convencido.

La fila de soldados avanzó y Dan se introdujo en la casa con tres compañeros antes de salir cargando en brazos a uno de los resistentes de Homesh que intentó librarse desesperado de los brazos de los soldados.

Horas después, la colonia estaba vacía, el plan de evacuación de 25 colonias del primer ministro
Ariel Sharon terminó y Dan y cientos de soldados como él desaparecieron poco a poco.

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