23 de noviembre 2004 - 00:00

Los riesgos de los comicios en Irak

Finalmente, las primeras elecciones de la posguerra iraquí se llevarán a cabo el próximo 30 de enero. Las autoridades provisionales indicaron que pase lo que pase y exista violencia o no, los comicios que determinarán la composición del nuevo parlamento iraquí se desarrollarán en la totalidad del territorio.

Sin embargo, el problema fundamental no es tenido en cuenta. Se está pretendiendo tomar a Irak como un territorio integral, unido y sin fisuras, con una composición social férrea y uniforme, pero es sabido lo dividida que esta sociedad en realidad se encuentra. Los odios entre sunnitas, chiitas y kurdos son ingobernables y quien gane los comicios deberá lidiar con eso.

Hasta ahora nadie ha querido reparar en la propuesta que surgió desde algún organismo de inteligencia una vez que se emprendió la invasión de Irak. Esta propuesta hablaba de la posibilidad concreta de una balcanización iraquí, para evitar y cortar de raíz los conflictos étnicos que estaban escondidos bajo el yugo de Saddam Hussein. Así, la idea de un estado chiita en el Sur, uno sunnita en el centro y otro kurdo en el Norte comenzó a cobrar sentido entre algunos expertos en política internacional.

• Problemas

Pero esto también escondía varios problemas estratégicos. Desde Estados Unidos surgió el problema iraní. Irán es el país regente del islamismo chiita, es el único país donde esta variante musulmana es mayoría y sería cuestión de minutos que el nuevo Estado chiita se transformara en una marioneta iraní con todas sus implicancias. Esto es enfervorizar su religiosidad y satanizar a Occidente. No hay que dejar de resaltar que el sur iraquí, donde está la mayoría chiita, es una zona rica en petróleo y una estratégica salida al Golfo Pérsico. En definitiva, crear esta nueva república chiita sería como generar un nuevo integrante del «eje del mal».

La creación de una república kurda en el norte iraquí traería la consiguiente radicalización de los reclamos del resto del pueblo kurdo en los otros países en los que se encuentra. Así, si bien EE.UU. no vería con malos ojos que grupos kurdos pusieran en aprietos a los gobiernos de Irán y de Siria, el principal problema lo podría acarrear el país donde los kurdos suman mas de diez millones: Turquía. Este país es un tradicional aliado occidental desde la fundación de la nueva Turquía tras la Primera Guerra Mundial por el general Ataturk. A tal punto que es el único país de mayoría musulmana que no sólo tiene relaciones con Israel, sino que hasta realiza con ese país maniobras militares conjuntas. Turquía ya ha lidiado con el problema de la minoría kurda -mayoría en el este del país-, que con más fuerza que en otros países ha cargado de atentados el centro de las principales ciudades. Luego de la detención del líder del movimiento separatista kurdo, Abdallah Ocalan, los conflictos amainaron e incluso en Turquía se los dio por superados. Pero con una república kurda independiente en la frontera sur del país, sería inevitable el recrudecimiento de la violencia. Se debe resaltar que Turquía es miembro de la OTAN, por lo que, según lo indica la carta orgánica de este tratado, si el país resultara atacado, la OTAN se vería obligada a responder ese ataque, convirtiendo a uno de los territorios geoestratégicos más importantes aliados de Occidente en tierra de guerra.

El problema recaerá siempre en encontrar la fórmula de representatividad que contente a todas las facciones del país, pero por ahora eso es utópico.

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