24 de enero 2003 - 00:00

Lula, estrella en dos foros opuestos

Sin duda, los EE.UU. son el país con mayor presencia en el Foro Económico de Davos, colmado de personalidades de todo el mundo. Por este motivo, no extraña el espectacular operativo de seguridad montado en este coqueto centro de esquí en Suiza. Pero también es cierto que Lula -el presidente de Brasil- es una de las estrellas de la cumbre, algo que Eduardo Duhalde no podrá evitar envidiar ya que su presencia pasará a un segundo plano. Sólo su reunión con Anne Krueger (Nº 2 del Fondo) mañana captará algunas miradas.

Davos, Suiza (enviado especial) - Los humoristas de diarios captaron bien ayer algunas paradojas de esta cumbre de Davos, a la que se suma hoy Eduardo Duhalde: 1) se hace en medio de descomunales medidas de control pero quiere lanzar un mensaje a favor de la sociedad libre y desregulada; 2) le ha salido una competencia tercermundista en Porto Alegre que le disputa la cobertura de la prensa (uno de los objetivos principales de estas reuniones es salir en los diarios).

La primera paradoja la ilustra la actitud de Lula, que logra aparecer -como le hubiera gustado a Duhalde si tuviera oxígeno para esos alardes- en las dos reuniones de las que es estrella. Hizo avisar que podría estar en el acto de hoy de Porto Alegre, adonde asisten quienes se ilusionan con que su liderazgo dará sentido a sus vidas -son los mismos que hace pocos años usaban la bufanda del subcomandante mexicano para justificar sus viáticos y sus viajes-. Pero también se hace esperar en Davos para explicarles detalles que dice tener de cómo llevará adelante su plan del Hambre Cero; como si los demás gobernantes del mundo no quisieran lograrlo, anunció que revelará las claves secretas de ese plan para alimentar a los brasileños.

Para que no quedase duda de que su corazón está en Porto Alegre pero que la necesidad está en Davos, Lula -dual- ordenó que las empresas Petrobrás y Banco do Brasil pagasen por auspiciar la tenida anticapitalista de Porto Alegre.

Como imitando al Duhalde que mandaba a Washington a Jorge Remes Lenicov a pedir un acuerdo con el FMI y al mismo tiempo llamaba a Olivos a comer asado a Daniel Carbonetto (ese rayo que ha pasado en un año por el farinellismo, el duhaldismo y hoy reposa un rato en el adolfismo) a reírse de su ministro viéndolo nervioso por TV.

Son unos u$s 400 mil que les entregó en Porto Alegre el empresario y asesor progresivo del presidente brasileño, Oded Grajew, que por cierto repudió la ida a Davos.
Junto al ministro de Trabajo de Lula Jacques Wagner mitigará el enojo de la izquierda forista con el anuncio de que se creará una Secretaría de Economía Solidaria.

Curiosa copia del nombre que le dio Mary Sánchez a la cartera de mutuales y cooperativas cuando fue funcionaria de Fernando de la Rúa.

• Inventor

Esta elasticidad de Lula, de Duhalde, para jugar con eso de estar en dos lugares al mismo tiempo, es un invento que se le atribuye a Lionel Jospin cuando era primer ministro de Francia. Desnuda un mecanismo que no sorprende en comarcas domadas por el azote del populismo: unas imágenes se usan para ganar los votos, pero pasan a ser de uso privado cuando hay que gobernar.

Jospin perfeccionó eso de imaginar una gestión de gobierno procapitalista pero no resignar las banderas del socialismo, algo que sí había hecho antes un Felipe González en España que, ante la intolerancia de su Partido Socialista ante sus actos de gobierno, como el ingreso de España a la NATO, debió cambiarlo para que no lo terminasen cambiando a él.

El método se le rompió a Jospin en las últimas elecciones, cuando tanto jugueteo con el público terminó forzando a los socialistas a votar a Chirac en el ballottage para curarse del susto de Le Pen.

Con menos margen para jugar con las imágenes, el gobierno de George W. Bush se tomó más en serio la venida a Davos. Por lo menos cuatro ministros (el canciller Colin Powell; el procurador y ministro de Justicia John Ashcroft; el de comercio, Donald Evans, y el de Salud, Tommy Thompson) están ya aquí. Ellos, como el resto de los asistentes a la cumbre tienen, claro, la cabeza en otra cosa. El tema obsesivo de conversaciones en todos los corrillos y en las exposiciones es el de la guerra en Irak. Cualquier discusión o debate que se produce termina poniendo todo en suspenso frente a la expectativa de una guerra que divide al mundo. Para decir en voz baja, para no crear celos: el ministro de Salud de Bush, Tommy Thompson, es el responsable de la agenda VIP que tiene aquí el ministro Ginés. Compartirá mesas hasta el lunes (no regresa con Duhalde en el Tango 01) con, entre otros, Bill Gates y Bill Clinton. Todos participan de un programa mundial para eliminar las principales pestes, sida, tuberculosis y malaria.

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