Maestros robots se incorporan a las escuelas chinas
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Los alumnos de una escuela infantil de Pekín no pueden aguantar la risa al intentar resolver el problema que les ha puesto su nuevo "profesor", un pequeño robot de cabeza redonda y con cara en forma de pantalla táctil.
Pekín invierte en la actualidad de forma masiva en el sector de la inteligencia artificial, en el marco de su programa "Fabricado en China 2025", que busca desarrollar la industria de la alta tecnología. Según la Federación Internacional de Robótica, China es el país del mundo en el que se usan más robots industriales: ya hay 340.000 repartidos por sus fábricas.
El mercado chino de robots de servicios (desde equipos médicos a aspiradoras automáticas) representó 1.320 millones de dólares (910 millones de euros) el año pasado. Debería aumentar hasta los 4.900 millones para 2022, según la consultora pekinesa ResearchInChina.
Pekín acaba de realizar una conferencia internacional sobre robótica, en la que se habló de robots cirujanos o incluso de otros capaces de jugar a bádminton o tocar la batería.
Una empresa china presentó el año pasado unos robots muy realistas que pueden conversar, activar un lavavajillas, tener expresiones faciales complejas e incluso relaciones sexuales. Basado en la inteligencia artificial, el robot educativo chino iPal, que mide como un niño de cinco o seis años, sigue los pasos de Pepper, el pequeño androide vendido desde 2015 por la casa japonesa SoftBank Robotics (antigua Aldebaran).
Pero Xie Yi, directora de la escuela infantil en la que se probaron los robots, consideró que todavía pasará tiempo antes de que los robots sustituyan a los profesores de carne y hueso. "Para enseñar, tienes que ser capaz de interactuar, aportar un toque humano, un contacto visual, expresiones faciales. Todo eso es le educación", comenta. "No es sólo una historia de lenguaje o contenido".
Los robots Keeko, que cuesta 10.000 yuanes (1.280 euros), es decir, alrededor del sueldo mensual de un maestro de infantil, todavía no se han convertido en un una gran ventaja, según Xie. "¿Lo que más me gusta de los robots? Son más estables emocionalmente que los humanos", apunta.



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