México (ANSA, Reuters) -Las elecciones legislativas mexicanas del domingo representaron un claro voto castigo al gobierno de Vicente Fox, quien le restó importancia al resultado adverso, pero se mostró dispuesto a negociar con la oposición. «Fox no estaba en la elección. Fox está gobernando para todas y todos los mexicanos», dijo el mandatario intentando despegarse de la derrota.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Según la prensa mexicana, el castigo fue principalmente al oficialista Partido Acción Nacional y no al presidente, quien sigue manteniendo aceptables niveles de popularidad tal como indican las encuestas. De todas maneras, si en julio de 2000 Fox supo absorber el voto castigo al Partido Revolucionario Institucional (PRI) que había gobernado México durante 71 años, con una impronta, en ocasiones, de clientelismo, fraude y corrupción, ahora el actual mandatario recibió el rechazo del electorado, que percibió que, a tres años de asumir, casi nada cambió en cuanto a una verdadera modernización del Estado, descenso de la corrupción y de la pobreza. Un dato saliente de la jornada electoral fue el marcado abstencionismo cercano a 60%, síntoma de apatía y decepción a pesar de una millonaria campaña electoral. Según los datos oficiales, votaron 26,4 millones de los 64 millones de ciudadanos habilitados.
Con la consolidación del PRI, que se ubica como primera fuerza en Diputados con cerca de 227 bancas (gana 20, 34,4 por ciento de los votos), sobre un total de 500 y logró cuatro de las seis gobernaciones regionales en disputa, surge también en posición expectable el centroizquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), que duplicó sus bancas a cerca de 100 (17,1 por ciento de los votos), y cuyo candidato presidencial será en 2006 el popular alcalde de la capital Andrés Manuel López Obrador, quien obtuvo un categórico triunfo en los comicios locales del Distrito Federal.
El gobernante PAN redujo en casi 50 bancas su presencia en la Cámara de Diputados (de 205 a 158), perdió cuatro delegaciones (municipalidades) en la capital y fue derrotado en su principal bastión, el norteño estado de Nuevo León, la capital industrial del país, aunque conservó el de Querétaro (Occidente) y ganó el céntrico de San Luis Potosí por estrecho margen. También triunfó en importantes ciudades como Querétaro, Celaya, Cuernavaca, León y Guadalajara; esta última, la segunda en importancia del país.
En sus primeras declaraciones, Fox se mostró conciliador. «Es tiempo de intensificar el camino de los acuerdos y la colaboración», del «trabajo conjunto» para «redoblar el paso y enfrentar con éxito las demandas de los ciudadanos», afirmó el mandatario. Fox tuvo problemas para impulsar reformas en sus tres primeros años de gobierno con las cámaras de diputados y senadores adversas, lo que ahora se acentúa.
«Invito al presidente, a su partido y a las demás fuerzas políticas a que nos pongamos de acuerdo para darles a los mexicanos más empleos y mejorar su economía», señaló un eufórico presidente del PRI, Roberto Madrazo. La politóloga Denise Dresser señaló que «el presidente seguirá viviendo en Los Pinos (la residencia oficial), pero no instrumentará ningún cambio desde allí». «Despachará desde su oficina como todos los días, pero será un cadáver político», afirmó lapidaria.
Dejá tu comentario