"Mi captor me golpeaba y obligaba a dormir esposada a él"
-
Elecciones en Perú: extendieron la votación hasta este lunes para más de 60 mil personas en Lima
-
Reino Unido confirmó que "no participará" en el bloqueo del estrecho de Ormuz
Natascha Kampusch
Es el comienzo de un infierno en cinco metros cuadrados, ventilación deficiente, luz regulada por un temporizador e intercomunicadores que permitían al secuestrador controlar cualquier movimiento en la casa.
Priklopil la bautizó como "Bibiana" e intentó que borrara toda su vida anterior.
En la autobiografía, Kampusch relata día a día de una niña para quien el único prójimo posible era su secuestrador. A veces Natascha le pedía un beso de buenas noches. A veces jugaban juntos. En otras ocasiones, él la dejaba sola durante días o la golpeaba salvajemente.
A medida que se convertía en mujer, el objetivo fue otro: educarla para transformarla en una esclava obediente.
Con los años, Priklopil fue permitiéndole hacer las tareas del hogar e incluso breves salidas, aunque siempre bajo una estricta vigilancia y la amenaza de matar a todos si la joven pedía ayuda.
Era un riesgo improbable: "Estaba tan metida en el cautiverio que el cautiverio se metió en mí", escribe la joven.
La relación con su captor, entre tanto, se volvió compleja y llena de matices. "Si sólo hubiese sentido odio por él, ese odio me habría carcomido tanto que no habría tenido ya fuerza para sobrevivir".
Y aun así, cuenta Kampusch, siempre quiso escapar al control absoluto del captor, lo que incluyó un intento de suicidio fallido. Para superar sus brotes de violencia agresiva, la joven aprendió a separarse todo lo posible de su propio cuerpo.
"Estaba muy lejos", admite. Aún hoy sigue sin experimentar emociones al recordar las horas más oscuras.
El aprendizaje de la libertad, recuperada hace cuatro años, es todavía un proceso en marcha para Natascha, quien confiesa: "Sigo trabajando en ello".
También su visión del mundo quedó marcada por la pesadilla: En el libro cuenta que se volvió vegetariana y que no soporta ver animales encerrados: "Me recuerda demasiado a lo que me pasó a mí".
Sólo las agresiones sexuales quedan fuera del libro: "Es el último resto de privacidad que querría guardar para mí, después de que mi vida en cautiverio fuese desmenuzada en incontables artículos, declaraciones y fotos", escribe Natascha.
Priklopil, a quien Natascha llama en el relato como "autor del crimen", se suicidó tirándose bajo un tren pocas horas después de la huida de la joven, el 23 de agosto de 2006.




Dejá tu comentario