Multitud despidió a Pinochet en funeral de fuerte tono político

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Santiago (EFE, AFP, Reuters, ANSA, LF) --Miles de personas despidieron ayer a Augusto Pinochet en las exequias organizadas por el ejército chileno que tuvieron un fuerte contenido político e irritaron al gobierno de Michelle Bachelet.

El general Oscar Izurieta, comandante en jefe del ejército, aseguró que «sin duda alguna, la decisión más difícil de la vida de soldado del general Pinochet fue su determinación para asumir las responsabilidades superiores de conducción del Estado, ante la gravísima crisis que vivía el país».

La parte más polémica de su discurso fue cuando Izurieta rindió honores a quien calificó como «ex jefe de Estado», en clara contradicción con la posición adoptada por el gobierno de tratarlo sólo como ex comandante en jefe del ejército, indicó el sitio on line del diario «El Mercurio».

Mientras hablaba, el uniformado fue abucheado por algunos de los partidarios del ex presidente de facto que lo tildaron de «traidor» y « cobarde» por haber tomado distancia del régimen militar en los últimos años, añadió el sitio de «El Mercurio».

El jefe militar, en palabras aplaudidas por la viuda Lucía Hiriart, invitó a «rescatar todo lo que nos une como chilenos» y « mirar hacia el futuro evitando repetir los errores que en el pasado tanto daño le hicieron a nuestra sociedad».

  • Liderazgo

    Otro discurso con fuerte carga política -y particularmente irritante para el gobierno- fue el del capitán Augusto Pinochet Molina, nieto del ex dictador, quien vistiendo uniforme militar dijo que su abuelo fue «un hombre que derrotó en plena Guerra Fría al marxismo y que evitó siempre sufrimientos innecesarios».

    «Fue uno de los líderes más importantes de su época a nivel mundial, un hombre que en plena Guerra Fría derrotó al modelo marxista, que pretendía imponer su modelo totalitario, directamente por las armas», aseveró.

    En la misma línea, Lucía Pinochet Hiriart, la hija mayor del ex gobernante, despidió a su padre como «presidente Pinochet» y afirmó que «aún flamea la llama de la libertad que un día 11 de setiembre sembró Augusto Pinochet en nuestro país para siempre».

    Los periodistas debieron ser protegidos de las agresiones de una pequeña parte de los concurrentes, actitud justificada por Lucía Pinochet, quien dijo: «hoy el periodismo internacional no comprende cómo cientos de miles de compatriotas desinteresados, en democracia y sin presión de ningún tipo, son capaces de mostrar su agradecimiento y afecto por quien la prensa ha calificado en los peores términos y epítetos que alguien pueda proferir a un ser humano».

    Según se calcula, 60 mil personas acudieron en los últimos días a la Escuela Militar para rendir homenaje a Pinochet, cifra que sorprendió a los observadores.

    Todas estas declaraciones fueron rechazadas por la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, quien fue abucheada por los más de 4 mil presentes en la ceremonia y pidió sanciones para Pinochet Molina (ver aparte). «¡Saquen a esta mujer de acá!», gritaba un hombre al lado de la única representante del gobierno en los funerales.

  • Consignas

    «¡Ladrona, ladrona!», gritó una mujer y decenas se sumaron, lanzando consignas y recordando un reciente escándalo de corrupción en una oficina estatal de fomento al deporte. La ministra guardó silencio y mantuvo la misma expresión serena que la acompañó durante todo el acto, en el que permaneció a unos metros de la familia del ex dictador. « Bachelet terrorista», gritaron otros.

    Las exequias, que incluyeron el «Va pensiero», el coro de esclavos de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, culminaron con pañuelos blancos al aire agitados por la gente y con vítores al ex dictador, mientras una banda militar interpretó, a ritmo lento, la marcha « Viejos estandartes».

    Tras disparos de antiguas baterías Krupp del ejército, que remecieron a la multitud, había quedado en principio la incertidumbre sobre dónde eran llevados los restos de Pinochet, pero con el paso de las horas se confirmó su traslado en helicóptero al Cementerio Parque del Mar, de Concón, donde fueron cremados (ver aparte). La ceremonia fúnebre, organizada por el ejército, que reemplazó los honores de Estado y el duelo oficial, negados por la presidenta, duró tres horas, en medio de la vigilancia de tiradores desde techos cercanos, para evitar atentados, mientras en otros balcones, alquilados a 190 dólares, se veían teleobjetivos de la prensa.

    «Se fue, se fue mi general», lloraba inconsolable una mujer de edad madura y vestida de rojo mientras miraba cómo la carroza arrastrada por dos poderosos caballos que portaba el ataúd con los restos del ex dictador se perdía tras una esquina de la enorme Escuela Militar.
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