"No me puedo ir sin mi perro"
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Valerie Bennett se reencontró con su mascota en el hospital
Emory de Atlanta.
En los albergues y centros de refugiados no se previno esta contingencia. No es una cuestión de poca importancia, sino un drama muy real, sobre todo para personas solas o mayores, una tragedia que agranda la sensación de pérdida y desamparo.
¿Vale la pena este sacrificio por un perro? Renée Dodge, guía turística, se ofende por la pregunta. Acaricia la cabeza de su can y encara al periodista: «¿Necesito decir más?». Renée reconoce que se habría marchado de Nueva Orleans, incluso antes del huracán, de no ser por el animal.
Jackie Leonard, una abogada retirada, explica que su madre falleció hace un año y medio, y le dejó la perrita Trinki. «Nunca dejará mi regazo», asegura, y admite que es una razón más para resistir en su casa.
Gracias a un amigo en Baton Rouge, Robin consiguió alquilar un auto especial para evacuar 28 gatos y perros, y a sus 19 propietarios.
• Laberinto
Pasó veinte años en las fuerzas armadas. Fue movilizado para la guerra de Corea y combatió en Vietnam en los sesenta. En su período militar estuvo en muchos países. Miller piensa que la catástrofe de Nueva Orleans debería abrir los ojos a muchos compatriotas: «En este país hay muchos que viven muy cómodos y no se dan cuenta de otras realidades. Hay zonas que están mucho peor de lo que está ahora Nueva Orleans».
Entrar en la ciudad en auto es como aventurarse en un laberinto. Hay tantas fuerzas de seguridad de otros estados que en los controles en autopistas y calles raramente saben orientar. Ni siquiera indicar dónde está el centro.
Lo más probable es que uno termine en una calle inundada y deba dar marcha atrás.
Se atraviesan barrios enteros abandonados, con postes de electricidad caídos, montones de basura maloliente, perros vagabundos, comercios saqueados...
E.V.




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