Nueva jornada de huelgas y marchas en Francia contra ley laboral

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Más de tres millones de franceses, algunos con pancartas que decían "Adiós (Dominique de) Villepin ya te echamos, bienvenido Sarko (Nicolas Sarkozy) sos el próximo", desfilaron hoy por toda Francia para repudiar un contrato de empleo juvenil.

La policía informó que sólo en París detuvo a 256 manifestantes, con lo que la cifra de detenidos desde que comenzó el conflicto, hace más de dos meses, alcanzó a unas 3.000 personas.

"El movimiento no se acabara con esta jornada" que, además, incluyó una huelga nacional, aseguró el líder de la Confederación General del Trabajo, Bernard Thibault.

Los jóvenes repudiaron a De Villepin, impulsor de la norma para menores de 26 años, advertieron al ministro del Interior Sarkozy y reclamaron la "dimisión" del presidente Jacques Chirac.

"Este gobierno tiene tintes dictatoriales y esto no es una dictadura. El gobierno debe escucharnos porque el Estado somos nosotros. Nadie votó a De Villepin y él continúa con su obstinación", dijo a Télam el estudiante Amadou.

En un colorido desfile con bandas de música o camiones con potentes equipos de sonido, pudieron verse carteles que decían: "Bloquearemos el país", "Juventud en cólera", "Resistencia frente a los precarizadores", entre otros.

La ley de Contrato Primer Empleo (CPE) ya fue promulgada por el presidente Chirac, pero sufrirá modificaciones en los próximos días, debido a que será reducido de dos a un año el plazo para despedir a un trabajador contratado.

Francia sufre un desempleo del 23 por ciento, el más alto de Europa, entre jóvenes de 18 y 25 años.

En declaraciones radiales, Thibault anticipó que "continuaremos con acciones para mantener la lucha en alto, pese a las vacaciones" de Pascuas que comienzan la semana próxima y se extenderán por tres semanas.

Fue la quinta jornada de movilización y la segunda huelga nacional en 10 semanas de crisis que, según algunos analistas franceses, dejó en claro que el movimiento contestatario no para de crecer.

La policía aseguró que 1.028.000 personas (84.000 en París) protestaron contra el CPE, mientras que los sindicatos sostienen que fueron 3.100.000 (800.000 en la capital francesa).

Los representantes de los sindicatos y de los estudiantes se reunirán mañana con el presidente del bloque oficialista en el Senado, Bernard Accoyer, para dialogar "sin prejuicios del contenido de la proposición de ley".

Los principales líderes sindicales aceptaron la invitación, pero Thibault previno que "pediremos nuevamente el retiro del CPE y no negociaremos cambios".

También mañana la intersindical, conformada por 12 agrupaciones sindicales y estudiantiles, se reunirá para evaluar los pasos a seguir y no se descarta la convocatoria a una nueva huelga nacional la semana próxima.

La huelga no se sintió tanto como el pasado 28 de marzo, cuando Francia fue prácticamente paralizada, ya que hoy sólo hubo perturbaciones menores en el transporte y en la educación, debido a que el 40 por ciento de los maestros se adhirieron al paro.

Una vez más fue en las calles donde los opositores del CPE reflejaron la unidad e inflexibilidad de su movimiento y donde los gritos "Chirac dimisión" retumbaron con fuerza en el cortejo.

Alrededor de 150 movilizaciones se realizaron en todo el país y la jornada supero a la del 28 de marzo, que había sido calificada como histórica por los mas de 2 millones de manifestantes en todo el país.

Más de 4.000 policías siguieron el cortejo en París, donde una vez más se produjeron incidentes en la desconcentración en la plaza de Italia.

Los incidentes en París estuvieron protagonizados por los "casseurs" (rompedores), jóvenes que golpearon y robaron a estudiantes y se enfrentaron con la policía antidisturbios durante tres horas.

En noviembre pasado, durante las tres semanas de la revuelta en los suburbios, un total de 4.500 personas fueron detenidas en todo el país (800 continúan presos).

Durante la manifestación, la policía trabajó en coordinación estrecha junto a la seguridad de la CGT -armados con bastones y aerosoles de gas lacrimógeno- para detener a los jóvenes llegados de los suburbios para repudiar la ley laboral.

Los periodistas y los fotógrafos fueron blancos de las botellas y piedras que lanzaban los jóvenes encapuchados e, inclusive, varios reporteros gráficos fueron golpeados para ser despojados de sus cámaras.

También en los pasillos del metro hubo enfrentamientos, cuando grupos de jóvenes pretendían escapar del cerco conformado por la policía y los forzudos de la CGT.

En Lille, Roeun y Marsella también hubo incidentes entre manifestantes y policías.

Bruno Julliard, líder del principal sindicato estudiantil francés, responsabilizó a Chirac de "sembrar la conjunción" y "fomentar la revuelta de los jóvenes".

Por su parte, Laurence Parisot, presidente del MEDEF, el influyente organismo que nuclea a las más importantes empresas francesas, se mostró preocupado por la negativa influencia de las marchas en la economía gala.

"Las revueltas de los suburbios en noviembre y ahora lo del CPE hacen dos grandes e importantes crisis para el país en seis meses. Hay que darse cuenta que esto pone en serio peligro la economía del país", dijo Parisot a la cadena de televisión LC1.

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