Bagdad (ANSA, EFE, Reuters, AFP) - El gobierno interino de Irak volvió a establecer ayer la pena de muerte en un intento por contener la ola de violencia política y delictiva que azota al país.
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Las autoridades aclararon que la nueva legislación difiere de la vigente bajo la dictadura de Saddam Hussein, dado que la pena capital regirá ahora sólo para un número limitado de crímenes, como el homicidio, el secuestro y el narcotráfico. En el anterior régimen, 114 delitos ameritaban la ejecución de reos.
La pena de muerte había sido suspendida en Irak tras el derrocamiento de Saddam, en abril de 2003. La nueva autoridad aclaró que la misma entrará en vigor de inmediato.
El ministro de Estado, Adnan al Janabi, dijo que la reintroducción de la pena capital está «en relación con la situación de seguridad en Irak».
• Amnistía limitada
El primer ministro, Iyad Allawi, anunció el sábado una amnistía limitada para los responsables de delitos menores, en particular los concernientes a complicidad en favor de terroristas y de guerrilleros que pelean contra la coalición internacional. El premier agregó que los responsables tienen un mes de plazo para revelar a las autoridades las informaciones que están en su poder y «arrepentirse».
El anuncio de la reintroducción de la pena capital coincidió con la emisión por parte del canal de televisión árabe Al Arabiya de una filmación en la que un grupo, autodenominado Ejército Islámico de Irak, se atribuía el secuestro del cónsul iraní en Bagdad. Según los secuestradores, el diplomático, a quien identificaron como Fereidoun Jahami, fue capturado en Kerbala en poder de documentos que supuestamente evidenciaban que su misión era de la fomentar la inestabilidad en esa ciudad, situada 100 kilómetros al sur de la capital iraquí.
Mientras, tratando de hacer frente al creciente y sangriento levantamiento chiita que ya lleva cuatro días, el premier Allawi pidió ayer en Najaf a los milicianos de esa rama del Islam que abandonen de inmediato esa ciudad santa del sur de Irak. Sin embargo, el líder de los guerrilleros, Moqtada al Sadr, rechazó esa exigencia.
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