Paraguay: trasladaron a Lugo de urgencia a Brasil por una infección
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El presidente paraguayo, Fernando Lugo, viaja de urgencia a Brasil para ser tratado de una infección de alto riesgo.
El mandatario delegó el poder en el vicepresidente Federico Franco, un médico de tendencia liberal con el que ha tenido varios roces en el pasado, en una ceremonia relámpago que se habría celebrado en la misma clínica en la que estaba internado.
El infectólogo paraguayo Martín Agüero dijo que el diagnóstico del mandatario era "por lo menos preocupante" por el riesgo de que la infección se extienda, algo potencialmente fatal. "Es una alerta amarilla", dijo el médico a Reuters.
El viaje de Lugo ocurre una semana después de que Lugo se sometiera a estudios tomográficos también en Sao Paulo y que sus colaboradores anunciaran optimistas que los nódulos detectados habían desaparecido y que no se encontraron nuevas lesiones.
Desde que se conoció el diagnóstico de cáncer, Lugo se ha mantenido en funciones con excepción de sus viajes a Sao Paulo y tanto él como sus asesores han insistido en que podrá ejercer sus labores mientras lleva a cabo el tratamiento.
"El presidente está muy bien desde el punto de vista del ánimo. Está perfectamente y me pidió que convoque el lunes al Consejo de Ministros y los haga trabajar", dijo Franco a periodistas.
El mandatario socialista asumió el Gobierno en agosto del 2008 para un período de cinco años tras unos comicios históricos que marcaron la caída del derechista Partido Colorado luego de seis décadas en el poder.
Un deterioro en su salud podría forzarlo a ceder temporalmente la presidencia a Franco, lo que implicaría un giro a la derecha en el país, cuarto exportador mundial de soja y un importante proveedor de carne vacuna a la región.
Aunque el vicepresidente aseguró que no sacaría ventaja de la enfermedad, una disputa por el poder podría poner en riesgo una década de estabilidad política que siguió a un período volátil tras el derrocamiento del dictador Alfredo Stroessner.
Lugo forma parte de una ola de líderes de izquierda en América Latina pero ha tenido dificultades para cumplir sus promesas de campaña de redistribuir la riqueza.
Su popularidad también ha sido golpeada por una seguidilla de escándalos de paternidad que comenzaron cuando admitió ser el padre de un niño de dos años concebido cuando aún era obispo de la Iglesia Católica.




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