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La necesidad de frenar la fiebre revolucionaria llevó a los militares a anunciar la celebración de elecciones libres. Pero el régimen no esperaba una derrota en las urnas. Aunque la LND logró 396 de los 485 escaños del Parlamento, los militares se aferraron al poder y se negaron a transferir el gobierno hasta que se redactara una nueva Constitución, siempre bajo su aprobación. Los diputados electos de la LND constituyeron un gobierno en el exilio.
El resto del mundo empezó a tomar conciencia de lo que ocurría en Birmania cuando Suu Kyi recibió, en 1991, el Nobel de la Paz. Para entonces, la hija del general Aung San, popular héroe de la independencia birmana, llevaba dos años bajo un arresto domiciliario que aun duraría hasta julio de 1995. Vigilada siempre de cerca por el régimen -que durante años ha intentado forzar su exilio voluntario-, volvería a estar detenida entre setiembre de 2000 y junio de 2002. Entonces, al igual que tras su primera liberación, surgieron nuevas esperanzas de avanzar en el diálogo para la reconciliación nacional. Pero la realidad es que nada ha cambiado en Birmania.
La represión política continúa a la orden del día y, en mayo de 2003, Suu Kyi fue detenida de nuevo y retenida en prisión durante más de tres meses. En setiembre de 2003, la líder opositora comenzó una nueva etapa de arresto domiciliario -prolongado hasta hoy a pesar de las presiones de la comunidad internacional-. En su prisión particular, el 19 de junio de 2007 Suu Kyi celebró su 62 cumpleaños.
El 20 de mayo de 2006, las autoridades birmanas permitieron el primer contacto internacional en tres años con la líder opositora, que se entrevistó con un enviado especial de Naciones Unidas.
Los birmanos logran que el mundo vuelva a fijarse en ellos en setiembre de 2007: miles de monjes budistas salen a la calle contra la junta militar. Lo que empezó como una protesta de trabajadores y estudiantes contra la suba del precio del petróleo se ha convertido en el grito desesperado de un país sometido a un gobierno ilegal y represivo que dura ya cuatro décadas y media.



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