10 de octubre 2005 - 00:00

"Parecía el fin del mundo"

Este aspecto desolador presentaba ayer la localidad paquistaní de Balakot. Ese país vive la peor catástrofe natural de su historia (derecha). Una familia de la Cachemira india llora en medio de una fuerte réplica del terremoto del sábado. Pese a que la India sufrió con fuerza la catástrofe, ha ofrecido ayuda a Pakistán, su tradicional rival (izquierda).
Este aspecto desolador presentaba ayer la localidad paquistaní de Balakot. Ese país vive la peor catástrofe natural de su historia (derecha). Una familia de la Cachemira india llora en medio de una fuerte réplica del terremoto del sábado. Pese a que la India sufrió con fuerza la catástrofe, ha ofrecido ayuda a Pakistán, su tradicional rival (izquierda).
Jabla y Uri, India (AFP) - Tauseef Ahmed, de 16 años, consiguió escapar de su casa antes de que se derrumbara, pero fue presa de la desesperación porque no pudo evitar que su padre desapareciera bajo los escombros.

«Estábamos en casa cuando comenzó el horror. De repente, todo se vino abajo», relató el muchacho, parado en medio de las ruinas. «Mi padre nos empujó hacia afuera, pero no pudo salir de la casa», agregó. «Inmediatamente fue aplastado por los escombros. Conseguimos desenterrar su cadáver tres horas después», agregó el tío de Ahmed, Shah Zaman.

El poblado de Jabla había sido construido sobre las faldas de una montaña cubierta de pinos cerca de la frontera que separa en dos a Cachemira, una parte administrada por Pakistán y otra por la India.

Unas 1.300 personas vivían en la parte india, en casas con techos de chapa y paredes de ladrillo, piedra o adobe. El terremoto del sábado en la mañana, de una magnitud de 7,6 en la escala abiertade Richter, destruyó completamente la aldea.

Pari Jan
, de 43 años, se encontraba en la cocina cuando se produjeron los primeros temblores que derrumbaron el techo de su casa. «Las personas mayores consiguieron huir, pero los dos hijos de mi hermana quedaron atrapados bajo los escombros y murieron sofocados», dijo la mujer. Shakeel Ahmed, de diez años, y Nayaar Ahmed, de ocho, estaban preparándose para ir a la escuela cuando su casa quedó hecha polvo. Ayer a la tarde, el poblado aún no había recibido socorros.

Naseer Ahmed
, de 27 años y padre de tres hijos, estaba sentado en el césped de su jardín cuando se sintió el primer temblor. «Salí corriendo para socorrer a mis hijos. Conseguí sacar a mi hijo menor y a mi hija, pero el mayor de ocho años, Basharat Ahmed, quedó atrapado», relató.

«El primer temblor sacudió el suelo. Era como si toda la montaña se deslizara. La sacudida fue tan fuerte que todas las casas quedaron en ruinas, o casi, al mismo tiempo. Parecía el fin del mundo», recordó.

Mientras tanto, en Uri, en el norte de la India, gritos desgarradores de hombres y mujeres se escuchaban cada vez que rescataban un cadáver. El violento fenómeno mató por lo menos a 106 personas en esa ciudad y alrededores, ubicada en la Cachemira india.

Al anochecer del sábado, los habitantes utilizaban lámparas de gas para alumbrar a los socorristas enviados por el ejército que trataban de extraer a los sobrevivientes enterrados bajo montañas de escombros.

Miles de habitantes pasaron la noche del sábado en las calles o en carpas instaladas improvisadamente por el ejército. Algunos cuyas viviendas no fueron afectadas también tenían miedo de volver a ellas.

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