Roma (DPA, ANSA, ASN) - Desde que se le efectuara una traqueotomía para ayudarlo a respirar, el último 24 de febrero, Juan Pablo II ha perdido 19 kilos, informó ayer la prensa italiana. Por eso, antes de su agravamiento de anoche, los médicos planeaban someterlo a una nueva operación, en una semana o a lo sumo dos, para colocarle una sonda alimentaria permanente que permitiera mejorar su nutrición.
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Así lo informaron los diarios «Il Corriere della Sera» y «La Repubblica» en sus respectivas ediciones de Internet, en las que coincidían en el dato de la pérdida de peso.
Juan Pablo II había sido intervenido el miércoles para instalarle una sonda nasogástrica provisoria pero, al parecer, el procedimiento no fue suficiente para mejorar su nutrición.
Antes, los diarios del día, habían afirmado que el Pontífice iba a delegar sus funciones en la ceremonia de beatificación prevista para el 24 de abril.
En los últimos días, sus médicos se habían concentrado en conjurar los riegos de infecciones relacionados con la cánula que le permite respirar y con la sonda nasogástrica, pero, según se informó anoche, sin éxito.
La dificultad de Juan Pablo II para alimentarse fue confirmada el miércoles por el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls. Fuentes médicas citadas por la prensa italiana no excluían posibles consultas a especialistas en gastroenterología e infectología, incluso extranjeros, y señalaban que la decisión final sería de su médico personal, Renato Buzzonetti.
Por otra parte, el cardenal Ersilio Tonini consideró «inoportunos y equivocados » los rumores acerca de una presunta pérdida de poder del Pontífice o de que la Iglesia esté dirigida ahora por un grupo de cuatro cardenales de su entorno. «Sea cual sea la evolución de las patologías que sufre, no abdicará», sostuvo a su vez Vittorio Messori, autor del libro «Cruzando el umbral de la esperanza», fruto de una larga conversación con Juan Pablo II.
«Para él, renunciar sería ceder a la tentación de alejar de sí el peso de la cruz», dijo Messori, quien ya en 2002 fue elegido por el Vaticano para acallar rumores acerca de una posible dimisión. Según el experto, Juan Pablo II llevará la cruz «hasta el final a lo largo de ese calvario que para él significa hacer frenta las obligaciones diarias de su ministerio».