Perú: familias de desaparecidos piden cremar los restos de Abimael Guzmán

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Quieren que sean entregados a la viuda para evitar que la tumba del líder de Sendero Luminoso se convierta en lugar de culto.

Los familiares de desaparecidos durante el conflicto interno en Perú, entre 1980 y 2000, piden una sola cosa: los restos del líder de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, fallecido hace una semana en prisión, deben ser cremados y entregados a sus familiares y evitar así que su tumba se convierta en lugar de culto.

"Yo no estaría de acuerdo que lo entierren en un mausoleo, sino que lo incineren y entreguen sus cenizas a sus familiares. Hay que llevarlo lejos del Perú", dijo a la AFP Adelina García, presidenta de la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (Anfasep).

Es "lo que merece este señor asesino. Este señor Abimael Guzmán inició la violencia", agrega indignada esta mujer de 58 años, sentada al lado del cuartel del ejército en Ayacucho, capital del departamento homónimo.

Esta región surandina, marcada por la pobreza y una población de mayoría campesina, fue cuna de Sendero Luminoso y epicentro del terror que durante dos décadas tuvo a la población bajo el fuego cruzado de las guerrillas y las fuerzas armadas que las combatieron.

Sendero Luminoso lanzó una "guerra popular del campo a la ciudad" marcada por cruentas acciones terroristas desde 1980 hasta su derrota ante las fuerzas de seguridad en 2000.

La violencia política dejó 70.000 muertos en Perú y más de 21.000 personas desaparecidas, según cifras oficiales actualizadas en 2018.

Mientras que una Comisión de la Verdad y Reconciliación determinó en 2003 que los guerrilleros son responsables de 54% de las muertes durante el conflicto, también señaló a los militares por el 46% restante.

'La Hoyada' es un terreno baldío en la ciudad de Ayacucho. Colinda con el cuartel 'Los Cabitos, donde los militares incineraban en hornos los cadáveres de detenidos sospechosos de pertenecer a Sendero Luminoso, según testimonios públicos.

"En este lugar muchas personas han perdido la vida, muchas pidieron auxilio. A las personas inocentes los han desaparecido, los han quemado", indica Adelina García, quien recuerda a su esposo, Zósimo Tenorio, desaparecido ahí hace 38 años.

"Ellos nos negaron el humo que salía, (decían que) era porque hacían pan y los huesos eran de animales", evoca García.

Se estima que el horno, del que aún se conservan restos, sirvió de crematorio para desaparecer los cuerpos de más de 100 personas.

Abimael Guzmán murió hace una semana a los 86 años en la prisión donde cumplía condena a perpetuidad desde 1992, como autor intelectual de los crímenes de su agrupación.

Anfasep gestiona la construcción de un 'Santuario de la Memoria' en 'La Hoyada' para evitar invasiones y mantener vivo el recuerdo de las víctimas.

Entre 2005 y 2010, un equipo forense de la fiscalía realizó 3.031 excavaciones en el área y determinó la existencia de dos hornos crematorios y los restos óseos de 109 personas.

De esos restos, 54 eran cuerpos íntegros con ropa, manos atadas y cabeza cubierta. Todos tenían orificios de disparos en el cráneo. También se encontraron restos de mujeres que cursaban embarazos, según la Anfasep.

Las desapariciones, torturas y asesinatos en "Los Cabitos" datan de 1983, cuando las fuerzas armadas fueron encargadas de la lucha contra el terrorismo.

"A nivel nacional hay 21.800 desaparecidos, pero en Ayacucho más de 8.000 desaparecidos faltan aún por encontrar", asegura García.

El gobierno de Perú promulgó el viernes una ley que permite cremar el cuerpo de Abimael Guzmán, que yace desde el sábado en una morgue.

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