Los 100 días de gestión de Castillo en Perú: entre la ofensiva opositora y los "errores no forzados"

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(Por Gonzalo Ruiz Tovar, desde Lima) La campaña de vacunación contra el coronavirus parece ser lo único que genera un consenso positivo sobre los 100 días de la llegada de Pedro Castillo a la Presidencia de Perú, ya que en lo demás hay marcadas y tensas diferencias de perspectivas, según evaluaciones de actores y analistas políticos.

Más de 16 millones de personas -casi 60 % de la población- recibieron la pauta completa contra la Covid-19. Y si el proceso no marcha mejor es porque "Perú no es Suiza", como dijo sobre las dificultades logísticas el ministro de Salud, Hernando Cevallos, y porque grupos antivacuna espantan a la gente.

No obstante, y mientras no se descarta otra ola, Cevallos, exparlamentario socialista, avanza con la campaña de inmunización en un país que con más de 200.000 muertos es proporcionalmente uno de los más afectados por el virus. Su estrategia: pragmatismo para seguir ejes del anterior gobierno y manejo técnico.

En los demás terrenos, la virtual nueva etapa, inaugurada ayer por Castillo en el departamento andino de Ayacucho, encuentra al presidente bajo permanente ofensiva de la oposición de derecha, alejamiento de sus bases de izquierda y críticas por falta de liderazgo y errores de elección de funcionarios lanzadas incluso por aliados.

"Si no lo saca el presidente, lo sacamos nosotros (los congresistas)", amenazó Jorge Montoya, del partido ultraconservador Renovación Popular, sobre el ministro de Defensa, Walter Ayala, en el ojo de una gran tormenta por supuestamente promover ascensos de militares próximos a Castillo.

El funcionario puso a disposición su cargo, pero el mandatario no ha dicho si lo dejará ir o lo mantendrá, aunque es claro que el Congreso tiene los votos para destituirlo. En la misma situación están los titulares de la cartera de Educación, Carlos Gallardo, y de Transporte, Juan Silva.

Los excomandantes del Ejército y la Fuerza Aérea José Vizcarra y Jorge Luis Chaparro, respectivamente, aseguran que sus relevos recientes, cuando solo tenían tres meses en los cargos, fueron en represalia por no ascender a recomendados por Ayala, el secretario de la Presidencia, Bruno Pacheco, y el propio Castillo.

Aunque según el constitucionalista Omar Cairo un presidente puede remover a los mandos castrenses sin dar explicaciones, lo ocurrido fue interpretado por la oposición como un atropello a las Fuerzas Armadas.

Entre oficiales en retiro, desde el comienzo molestos con un Gobierno de izquierda, hay inconformidad, pero los nuevos comandantes del Ejército, Walter Córdova, y la Fuerza Aérea, Alfonso Artadi, y el ratificado jefe de la Marina, Alberto Alcalá, afirman que hay total respeto a la institucionalidad.

Gallardo, de la cartera de Educación, era primero en la lista de ministros con cabeza pedida, pero los escándalos de Ayala y Silva le quitaron el foco de atención. En su caso, la oposición lo acusa de vínculos con grupos de extrema izquierda a través de un grupo sindical del magisterio en el que también está Castillo.

Silva, a su vez, quedó en camino de destitución por el Congreso al aparecer audios que aparentemente prueban que destituyó a dos funcionarias para que transportistas informales cancelaran una huelga. Para completar, una de las reemplazantes tiene varios antecedentes por pequeños robos en supermercados.

En el acto en Ayacucho por los 100 días de gestión, Castillo dijo: "Ministro que no trabaje se tendrá que ir a su casa", pero no aclaró si eso aplica a los tres cuestionados, próximos a él desde hace años.

La oposición y dirigentes rebeldes del oficialismo, como el exprimer ministro Guido Bellido, exigen además la salida del secretario Pacheco, profesor de colegio muy amigo del jefe de Estado, al que acusan de abusar el cargo.

La prensa especula entretanto sobre las razones por las que la primera ministra, Mirtha Vásquez no fue a Ayacucho. Desde días atrás hay rumores no probados de que evalúa renunciar si no se depura el Gabinete.

Vásquez, de trayectoria en la izquierda aunque no en el partido de Castillo, Perú Libre, es mejor vista en amplios sectores que su antecesor Bellido, pero, aunque su presencia ha aliviado tensiones, ha generado otras, ya que la línea fundacional del colectivo oficialista la acusa de ser una carta del "centroderechismo".

Los ex primeros ministros Ana Jara (de Ollanta Humala) y Walter Martos (Martín Vizcarra) coinciden con analistas en que el presidente no solo no debe permitir la marcha de la jefa de Gabinete, sino que tiene que darle más autonomía para que le corrija los errores derivados de sus supuestos desconocimiento y falta de decisión.

En medio de los inacabables choques, expertos sostienen que Castillo tiene logros para exhibir aparte de la vacunación, pero no lo hace por falta de una estrategia de comunicación que enfrente la permanente voz alta de la derecha y la línea editorial opositora de la mayoría de diarios y televisoras.

El doctor en Ciencia Política Carlos Fernández Fontenoy menciona por ejemplo que la inversión pública creció 29%, las exportaciones tradicionales subirán 63%, y las no tradicionales, al igual que las ventas retail, superan las cifras prepandemia.

Asimismo, la economía crecerá 12%, Perú tendrá la mayor reducción de déficit fiscal de Latinoamérica y aumentarán las reservas internacionales netas, mientras el optimismo de los empresarios creció según encuestas.

Para la oposición, que se niega a darle algún crédito al Gobierno en economía, todo eso es sin embargo producto del "efecto rebote" posterior a un año pésimo para el mundo entero y por lo tanto le quitan mérito a Castillo.

El Presidente lleva 100 días en el cargo entre controversias que según los analistas son una mezcla de la oposición inclemente de partidos ideológicamente situados muy a la derecha y de continuos "errores no forzados" del Ejecutivo, sin que se vislumbren cambios pronto en ese escenario.

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