Las autoridades rusas comenzaron a destruir toneladas de alimentos occidentales como leche y fruta, cuya importación fue prohibida por Moscú en respuesta a las sanciones adoptadas por Occidente a raíz del conflicto en Ucrania.
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En todo el país se quemaron toneladas de frutas y queso, informaron organizaciones de agricultores.
Pese a las numerosas críticas y a la petición de cientos de miles de ciudadanos de que no se desperdicien alimentos, entró en vigor un decreto para la destrucción de alimentos ratificado por el presidente Vladimir Putin.
Putin ordenó la medida en reacción a la importación ilegal de alimentos de la Unión Europea y Estados Unidos en territorio ruso, pese a la prohibición vigente.
Occidente sancionó a Rusia prohibiendo importar alimentos del país, castigando así su postura en el conflicto del este de Ucrania, donde se le acusa de apoyar a los rebeldes separatistas. Moscú reaccionó a su vez con nuevas prohibiciones.
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