Pierde Evo el encanto hasta en la izquierda
Las esperables tribulaciones del gobierno de Evo Morales parecen hacer caer el encanto que despertó en el arco del pensamiento de la izquierda latinoamericana. Más allá del juicio que merezcan sus intenciones como presidente al nacionalizar recursos o modificar instituciones para avanzar hacia una Bolivia más igualitaria, el método de gobierno comienza a debilitarlo ante sus adversarios. Por caso, convirtió a la convención que reforma la Constitución de ese país en «originaria» derribando la legislación preexistente al punto de que se podría llegar a abolir el derecho de propiedad o la instauración de la «justicia aborigen» que incluye, como en prácticas talibanes, castigos corporales o legitimar venganzas familiares en casos de honor. En la nota que sigue, el columnista Mauricio Ochoa Urioste de la agencia «Bolpress», que suele reflejar percepciones de la izquierda de ese país, describe cómo se percibe en Bolivia esa pérdida del encanto de Evo Morales.
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Evo Morales
La propaganda y los «shows» se acabaron, y sobreviene otra vez la crisis política, sumada a acusaciones de corrupción en la administración pública, y consignas etnocéntricas, racistas y discriminatorias del partido oficialista, que en su conjunto alejan a muchos intelectuales y ciudadanos anteriormente afines a la nueva administración de gobierno.
El presidente embiste contra Estados Unidos, el neoliberalismo y las trasnacionales, y solapadamente su gobierno somete al Estado boliviano a un Tribunal de Arbitraje Internacional con sede en Washington, negocia amistosamente con Petrobras, British Petroleum y Repsol YPF nuevos contratos petroleros, y compromete a la comunidad internacional la reducción del cultivo de hoja de coca. Todavía peor, acusa a George W. Bush de ser el «único terrorista» y a contrapelo le invita a la instalación de la Asamblea Constituyente y condecora con el Cóndor de los Andes -máxima distinción que otorga el Estado boliviano- al embajador estadounidense, David Greenlee.
La renuncia del ministro de Hidrocarburos Andrés Soliz Rada, quien según fuentes del Movimiento al Socialismo propuso la «confiscación» de los bienes de las empresas petroleras y es considerado por miembros del partido oficialista como hombre de «línea dura», sólo confirma que el nivel de decisiones en el gobierno de Evo Morales gira en torno a una élite cada vez más afín a las empresas trasnacionales y la política económica propulsada desde la década de 1980, bajo el barniz del indigenismo y de románticas añoranzas precolombinas aprendidas de su más allegado mentor, Alvaro García Linera.
Mientras el mundo todavía suspira las «proezas» de un novelesco presidente con chompa a rayas, en Bolivia, Evo Morales no se quita todavía la máscara que lleva puesta. Como el personaje Cyrano de Bergerac -interpretado por el actor francés Gérard Depardieu- loco y exánime, no se excusa por sus dobleces y lucha a capa y espada contra todos los que no se adhieran fielmente a sus consignas, con la complicidad silenciosa de sus asesores y correligionarios. Acusa a los otros de una conspiración, de un complot, sin identificar nombres, ni fechas. ¿Estamos ante el principio del fin de la carrera política de Evo Morales y Alvaro García Linera?




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