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Asimismo, el martes, sugiriendo que se estaba por llenar la copa, advirtió que daría por terminada la mediación si antes del 31 de diciembre no había una fórmula para la liberación de los rehenes.
Ese día Chávez se había reunido en París con su homólogo francés, Nicolas Sarkozy, interesado en la liberación de la ex candidata presidencial francocolombiana Ingrid Betancourt, de quien las FARC prometieron dar pruebas de vida antes de finalizar el año.
Uribe dio a entender, además, que Chávez había tergiversado y cometido una infidencia al revelar su disposición a reunirse con el líder de las FARC, Manuel Marulanda («Tirofijo»). «El gobierno estaba preparando las condiciones para una eventual retirada, por eso todo se fue dando de esa manera», señaló Fernando Giraldo, ex director de Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana. Giraldo añadió que Uribe quiere recuperar el control sobre el canje, y aprovecha que Chávez «no fue lo suficientemente delicado».
«Si el mediador no observa los principios de discreción, comunicación oportuna entre las partes, imparcialidad, y sobre todo no intromisión en los asuntos internos, debilita la confianza y la mediación fracasa», indicó Torrijos.
Lázaro Viveros, consejero de paz del gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002), opinó que el desenlace era previsible. «Se veía venir, hubiera sido otra la excusa, pero tarde o temprano se habría llegado al mismo punto», dijo.
Viveros estimó que en el fondo del problema está la negativa de Uribe a satisfacer la exigencia guerrillera de retirar las tropas de dos municipios para negociar, lo que según la internacionalista Laura Gil «habría sido menos costoso».
«Con el despeje militar se habría solucionado esto desde hace mucho rato», afirmó el ex consejero.




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