Proliferan en Los Angeles puestos de comida gratis ante la pandemia

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Los Ángeles - En medio de una acera solitaria de Los Ángeles, una heladera roja llama la atención: “Comida gratis”, se lee en la puerta superior en grandes letras blancas y borde púrpura.

Limpia, iluminada y fría, el refrigerador tiene de todo: leche, frutas, vegetales, pollo, jugos, quesos... todo a disposición de quien lo necesite. Es uno de las varias “heladeras comunitarias” que desde principios de julio comenzaron a aparecer en las calles de esta ciudad, ya con altísimos índices de indigencia y muy golpeada por la crisis económica generada por la pandemia del coronavirus. No tienen candado, no hay nadie vigilándolas, no hay formularios o filas, tampoco hay límites en las porciones. Están abiertas y funcionando todos los días, las 24 horas.

“Si necesitas vaciarla, nadie te va a juzgar. Si necesitas tomar un tomate, tomalo”, explica Marina Vergara, voluntaria y organizadora de L. A. Community Fridges, que ya instaló siete en la ciudad con miras a seguir creciendo.

“El concepto de tenerlas en los barrios hace este tipo de ayuda más accesible”.

La idea, inspirada en una iniciativa similar en Nueva York, es que quien necesite, tome, y que quien pueda donar algo, lo coloque dentro a cualquier hora.

Las heladeras están pintadas con colores llamativos y mensajes alentadores, en inglés y español. A los lados hay cajas con alimentos no perecederos como enlatados y cereales. Algunos hasta dejan ropa y zapatos.

“Esta heladera te pertenece con todo lo que hay dentro”, dice en el refri rojo ubicado en Mid City, una zona muy heterogénea como la mayoría en Los Ángeles, donde casas y condominios modernos alertan sobre la llegada de la “gentrificación”, pero donde todavía se ven residencias más viejas, más humildes. California ha tenido que volver a cerrar parcialmente su golpeada economía ante el alarmante alza en el número de casos de covid-19, que se concentran principalmente en el condado de Los Ángeles con casi 148.000 y más 3.700 fallecimientos.

Bares, salones de restaurantes, barberías y otros negocios dejaron de operar de nuevo, lo debe disparar aún más el desempleo condal, que en mayo cerró en casi 21%.

Las autoridades locales, así como oenegés, iglesias y escuelas han abierto decenas de bancos de alimentos y ollas populares para apoyar a los más golpeados por la crisis.

Pero Vergara, que impulsó el proyecto con el apoyo de la ONG Reach for Top, que asiste a personas sin techo y de la que es jefa de operaciones, explica que hay indocumentados que no acuden por temor a ser deportados, pero también que está quien simplemente siente vergüenza. “Hay una connotación negativa en estar en una fila buscando apoyo y ayuda”, indica. “En muchas comunidades te quita el orgullo” por lo que “el refrigerador comunitario da la libertad de ir en cualquier momento, sea a las cinco de la mañana o las cinco de la tarde”.

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