20 de abril 2005 - 00:00

Ratzinger, de Alemania, es el nuevo papa Benedicto XVI

El cardenal alemán Joseph Ratzinger fue elegido Papa ayer tras sólo dos días de concilio y cuatro votaciones. Mano derecha y amigo personal de Juan Pablo II, el ahora Pontífice Benedicto XVI fue el guardián de la ortodoxia católica durante 21 de los 26 años del anterior pontificado. Debido a esto, se considera que será un continuador del recordado Papa polaco. Como indica la tradición, a un pontificado largo como el de Karol Wojtyla seguirá ahora uno más corto, debido a la avanzada edad del alemán, que tiene 78 años. La brevedad del cónclave indica que este prestigioso intelectual y teólogo conservador supo concitar un fuerte apoyo entre los purpurados, desmintiendo versiones que hablaban de fuertes divisiones entre las alas ortodoxa y modernista. Sin embargo, la enorme sombra que proyecta el histórico legado de Wojtyla y las enemistades que Ratzinger se ha granjeado con los años entre los sectores más liberales de la Iglesia lo obligarán a una paciente tarea de convencimiento. También contrariando numerosos pronósticos, su encumbramiento significa que el pontificado se mantendrá en Europa. Esto prenuncia un endurecimiento de las relaciones entre la Iglesia y gobiernos de izquierda europeos, como el español, que impulsan el consentimiento del aborto, la limitación de la enseñanza religiosa y el permiso a los matrimonios entre personas del mismo sexo. Además, implica una postergación de las expectativas sobre un Papa tercermundista, en particular latinoamericano, algo que resultó inviable debido a las divisiones entre los purpurados de la región. Néstor Kirchner anunció que el viernes viajará a Roma para asistir a la asunción del nuevo Papa.

Joseph Ratzinger, luego de ser elegido Papa, saludó ayer a la multitud que esperaba la decisión en la PlazaSan Pedro. Al ver el humo blanco salir de la chimenea de la Capilla Sixtina, comenzaron las ovaciones.
Joseph Ratzinger, luego de ser elegido Papa, saludó ayer a la multitud que esperaba la decisión en la Plaza San Pedro. Al ver el humo blanco salir de la chimenea de la Capilla Sixtina, comenzaron las ovaciones.
Ciudad del Vaticano - Benedicto XVI es el nuevo jefe de la Iglesia Católica y de sus más de 1.000 millones de fieles en todo el mundo. El nuevo Papa, el alemán Joseph Ratzinger, amigo y hermano intelectual de Juan Pablo II, se dirigió a la emocionada multitud a las 18.48 desde la logia externa de la Basílica de San Pedro y se definió a sí mismo como «un simple y humilde trabajador en la viña del señor».

Pocos minutos antes, el cardenal de los diáconos, el chileno Jorge Medina, había puesto punto final a la expectativa: «Les anuncio una gran alegría, habemus Papam: el eminentísimo y reverendísimo señor Joseph Ratzinger, cardenal de la Santa Iglesia Romana, que se ha dado el nombre de Benedicto XVI».

• Tres fumatas

La elección del nuevo Papa, de 78 años, llevó sólo tres fumatas y esta rapidez, como anticipaban los expertos, fue demostrativa de que el cardenal alemán contaba con un apoyo inicial significativo y que en el transcurso de las votaciones sumó los votos que le permitieron llegar al piso de los 77 apoyos necesarios (dos tercios del total). Antes de impartir la bendición Urbi et Orbi, Ratzinger dijo a las decenas de miles de personas que los escuchaban en San Pedro que se sentía «consolado» por «el hecho de que el Señor sabe trabajar incluso con instrumentos insuficientes» (en referencia a él mismo). «Sobre todo, me encomiendoagregó. a sus plegarias», «En la alegría del Señor resucitado, confiando en su ayuda permanente, vamos adelante. El Señor nos ayudará y María, su madre santísima, estará de nuestra parte», continuó.

Los latinoamericanos presentes en la plaza, reconocidos como los católicos más marianistas, hicieron notar su entusiasmo, agitando banderas, entre las que predominaban las brasileñas.

Ratzinger lucía sonriente aunque cansado mientras pronunciaba su corto mensaje. Su nominación provocó alegría en San Pedro, aunque el Pontífice número 265 de la historia no despertó desbordes emocionales en su primera alocución como tal.

Desde la muerte de Juan Pablo II, el 2 de abril, la figura de Ratzinger se fue haciendo masivamente conocida entrelos católicos. El alemán, ex prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio) tuvo dos participaciones clave: la primera, en el funeral de
Karol Wojtyla y, la segunda, en la misa Pro Eligendo Pontifice, que se celebró antes del cónclave. Al mismo tiempo, los informes de la prensa lo mostraban como un papable poco abierto a las innovaciones y apegado a la interpretación más inflexible de las escrituras cristianas. «Guardián del dogma», «Rotweiller de Dios», «ultraconservador», «fundamentalista», fueron algunos de los calificativos que eligió la mayoría de los diarios.

• Señal

A las 17.50, hora local, la chimenea había vuelto a dar la señal blanquecina de las ocasiones anteriores. El entusiasmo se extendió por la plaza debido a la hora en que se produjo: una hora y diez minutos antes de lo previsto. Es decir, que no hacía falta la segunda votación vespertina y ese dato era decisivo. Para aventar toda duda, el blanco se hizo progresivamente más claro y constante. El vocero del Vaticano, Joaquín Navarro Vals, había recordado por la tarde que sólo debía considerarse positiva la votación si repicaban las campanas. Ello ocurrió a las 18.03. Ya no había dudas. Banderas de todo el mundo comenzaron a agitarse. Aplausos, abrazos, movimientos sin sentido producto de los nervios y la sensación de que la organización podía ser insuficiente para controlar a una multitud que completaba la plaza.

Nadie prestaba atención a las pocas gotas de lluvia que caían. Las especulaciones entre los asistentes a la plaza eran coincidentes. Los vaticanistas escribieron ayer que si Ratzinger no lograba la consagración por la tarde, sus posibilidades disminuirían considerablemente. Los pocos alemanes que había en la plaza comenzaron a celebrar por anticipado. Mientras algunos curas rezaban, se aprestaba el ingreso de bandas oficiales de música, entre ellas la de la guardia suiza.

Fue uno de los cónclaves más cortos en un siglo
y la elección desmintió aquel dicho de que «el que entra candidato sale cardenal». El alemán entró como el más papable y salió como Benedicto XVI.

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