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21 de noviembre 2007 - 00:00

Reacción contra los privilegios

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«Sarkozy destruye lo social», dice el cartel sostenido por un militante sindical en París. Más allá de esos eslóganes, las encuestas muestran que la población está harta de pagar los privilegios de una minoría.
Desde hace ocho días, la huelga de transporteferroviario paraliza a Francia, pero el presidente Nicolas Sarkozy no se ha pronunciado al respecto hasta el momento, delegando la desgastante tarea en su ministro de Trabajo, Xavier Bertrand.

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Y es que el gobierno francés aún puede sentirse seguro: la opinión pública se inclina cada vez más contra los huelguistas, como indicó el diario «Le Figaro», próximo al gobierno, en las últimas encuestas.

Muchos franceses ven en la lucha laboral cómo un pequeño grupo se aferra a privilegios jubilatorios que ya no son acordes con los tiempos. Pese a ello, los empleados de los servicios públicos quieren comenzar otra huelga en protesta contra los previstos recortes de personal. Entonces, el movimiento huelguista podría convertirse en una manifestación de disgusto general.

Actualmente, el gobierno se muestra duro: también los empleados de las empresas estatales deben cotizar en el futuro 40 años en vez de los 37,5 actuales. Ahora los maquinistas pueden jubilarse con una media de 50 años y los empleados de otras firmas públicas con 55.

El compromiso estará al final previsiblemente en una correspondiente compensación de pagos a los empleados, pero, sin embargo, aún no se negoció porque el gobierno no quiere comenzar las conversaciones anunciadas en varias ocasiones hasta que los huelguistas vuelvan a sus puestos de trabajo.

Que durante una huelga las calles queden bloqueadas por marchas de protesta no es nada desacostumbrado, pero el fin de semana no eran los huelguistas los que se congregaban en la calles, sino hartos parisinos que ya no quieren aguantar por más tiempo el caos en el transporte.

« Grêvistes-Egoïstes! » (Huelguistas-Egoístas) y « Maquinistas, vuelvan al trabajo» se podía leer en sus pancartas. Los empleados públicos en huelga, que exigen ingresos más altos y menos recortes de personal, cuentan, sin embargo, con un mayor apoyo entre la población.

Durante su campaña electoral, Sarkozy anunció grandes recortes en el servicio público: el primer ministro, François Fillon, habló después del « derecho de los funcionarios a una segunda carrera fuera del servicio al Estado». El gobierno prevé despedir a entre 18.000 y 23.000 empleados, mientras no se sustituirá a los funcionarios retirados.

En Francia, son más de cinco millones de empleados los que atienden los servicios públicos, y ganan considerablemente menos que funcionarios públicos de otros países europeos, como Alemania.

«Menos empleados, pero mejor pagados», es el objetivo del gobierno. Pero el camino para alcanzar esa meta será difícil.

Antes de viajar el fin de semana a China para realizar una visita de Estado, Sarkozy quiere haber puesto el problema sobre la mesa, informan medios franceses. En cuanto se señale un compromiso, el jefe de Estado volverá a aparecer en público y manifestar su posición al respecto.

Posiblemente, Sarkozy querrá aprovechar la ocasión de la huelga para invitar a los medios a una conferencia de prensa ya prevista desde hace tiempo, al modelo americano, escribió «Le Figaro».

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