Recordó ayer Alemania el inicio del genocidio nazi
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Deportaciones
masivas a
campos de
concentración y
destrucción de
millares de
propiedades y
viviendas de
judíos fue el
saldo de la
«Noche de los
cristales rotos»
de 1938 en
Alemania. Un
indicio del
horror que
vendría.
«El temor a recorrer esas calles de comercios devastados, de la mano de mi padre, me acompañó toda mi vida», dijo. «El miedo sigue ahí», añadió, sea por los recuerdos o ante el envalentonamiento de los neonazis, ante los que Alemania no puede «bajar la guardia».
En Roma, el papa Benedicto-XVI denunció, por su parte,«la furia nazi» y «la persecución sistemática de los judíos», y llamó a que «tales horrores» no vuelvan a ocurrir.
Las llamas se alzaron en dirección al cielo por toda Alemania, el día en que los nazis dieron una muestra de lo que sería el Holocausto con un despiadado pogromo contra la comunidad judía, lanzado en la noche del 9 de noviembre de 1938. Cuando los disturbios llegaron a su fin, miles de hogares, negocios y sinagogas judías habían sido calcinados por el fuego o saqueados por delincuentes, mientras la policía y los bomberos sólo contemplaban el espectáculo.
El suceso pasó luego a ser conocido como la Reichskristallnacht o la «Noche de los cristales rotos», en alusión a las ventanas y las vitrinas hechas añicos que tapizaban las calles alemanas. «Todo lo que se pueda contar sobre ello es inofensivo comparado a lo que en realidad ocurrió», dijo entonces una mujer judía, cuyas evocaciones se guardan ahora como documentos históricos en la Oficina Central de Información Judía. Otro testigo en la ciudad de Düsseldorf contó cómo los judíos fueron «arrastrados de sus camas en pijamas y camisones» y forzados «a caminar descalzos sobre los cristales rotos». Más de 400 personas fueron tiroteadas o asesinadas a golpes, mientras otros se suicidaron, según los documentos de archivo. Y más de 30.000 fueron arrestadas y trasladadas a campos de concentración. Las atrocidades marcaron un punto de inflexión en la política antisemita implantada después de que Adolf Hitler llegara al poder en 1933 y que culminó en el Holocausto, el asesinato sistemático de judíos organizado por el Estado.
En Alemania vivían aproximadamente 600.000 judíos antes de la guerra, pero la cifra descendió a alrededor de 12.000 después de 1945. Actualmente, con sus más de 110.000 habitantes judíos o de origen judío, el país cuenta otra vez con una de las comunidades judías más grandes de Europa. Pero a pesar del renacimiento de esa cultura, hay un creciente activismo antisemita en Alemania, según denunció la Sociedad germano-israelí, que celebró su encuentro anual el pasado fin de semana.
Las estadísticas oficiales publicadas por el gobierno el último martes señalan que se cometieron casi 800 delitos con un trasfondo antisemita durante los primeros nueve meses del año, en los que resultaron heridas 27 personas.




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