22 de noviembre 2007 - 00:00

Refutó Bush acusación de un ex vocero

Scott McClellan, sonriente, en sus tiempos de vocero de laCasa Blanca. Sus denuncias de que George Bush le ordenómentir sobre el «CIA-gate» resucitaron el sonado escándalo.
Scott McClellan, sonriente, en sus tiempos de vocero de la Casa Blanca. Sus denuncias de que George Bush le ordenó mentir sobre el «CIA-gate» resucitaron el sonado escándalo.
Washington (EFE, Reuters, AFP) - La denuncia del ex portavoz de la Casa Blanca Scott McClellan contra George W. Bush, a quien acusó de haberlo hecho mentir en el llamado «CIA-gate», desató ayer una nueva tormenta en torno a la Casa Blanca, provocando airadas condenas y obligando al gobierno a nerviosas desmentidas.

McClellan relata en un pasaje de su próximo libro «Lo que sucedió» que fue obligado a mentir por Bush acerca de la responsabilidad de importantes miembros del gobierno republicano en la filtración a la prensa del nombre de la espía Valerie Plame, esposa de un diplomático que se había opuesto a la guerra en Irak.

El ex vocero aseguró, durante una rueda de prensa en 2003, que los altos funcionarios de la Casa Blanca Karl Rove y Lewis «Scooter» Libby no estaban involucrados en la filtración de la identidad de la agente secreta Plame, lo que en EE.UU. constituye un delito federal.

McClellan dice ahora que había un problema: «No era cierto». «Distribuí sin saberlo información falsa y cinco de los más altos funcionarios de la administración estuvieron involucrados en ello: Rove, Libby, el vicepresidente (Dick Cheney), el jefe de gabinete ( Andrew Card) y el propio presidente», afirma.

El caso Plame desencadenó un fuerte escándalo y un largo proceso judicial que culminó con la condena de Libby, quien fue sentenciado a dos años y medio de cárcel por mentir y obstruir la justicia.

Bush lo indultó posteriormente de la pena de prisión, aunque mantuvo la multa de 250.000 dólares que le impuso el juez.

  • Desmentida

    La actual portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, salió ayer al paso de las acusaciones, al señalar que «el presidente no ha pedido y no pediría a nadie que distribuya información falsa».

    Distinta fue la reacción de Valerie Plame, quien confesó en un comunicado estar «indignada» con las revelación de McClellan.

    «Y lo que resulta todavía más asombroso es que McClellan confirma que no sólo Rove y Libby le pidieron mentir, sino también el vicepresidente, el jefe de gabinete Andrew Card y el presidente Bush le dieron la orden de que divulgara información engañosa», añadió.

    A fines de 2003, después de que las autoridades solicitaron la apertura de una investigación sobre lo ocurrido, McClellan dijo a los periodistas que había hablado personalmente con Rove, por aquel entonces el máximo asesor político de Bush, y Libby, jefe de gabinete de Cheney.

    «Son buenas personas, son importantes miembros del equipo de la Casa Blanca, y por eso hablé con ellos para poder decirles que no estaban involucrados», aseguró entonces el portavoz oficial.

    Sin embargo, Rove y Libby sí estuvieron implicados en el escándalo que revolucionó Washington durante meses. Rove fue una de las fuentes originales de la filtración y Libby mantuvo también conversaciones con la prensa sobre Plame.

    Tanto la ex espía como su marido, Joseph Wilson, sostienen que el hecho de que su identidad saliera a la luz fue resultado de una « vendetta» de la Casa Blanca, que habría buscado de esa forma castigar al ex embajador por su actitud crítica con la Guerra de Irak.

    Wilson acusó a Estados Unidos de utilizar argumentos falsos para justificar la invasión del país árabe en marzo de 2003. El ex diplomático concluyó, tras un viaje a Níger, que no existían pruebas para afirmar que Saddam Hussein había intentado comprar uranio en el país africano.

    Bush aseguró en su discurso sobre el estado de la Unión, en enero de 2003, que Irak había intentado adquirir material nuclear en Africa, una afirmación que la Casa Blanca se vio forzada posteriormente a retirar.

    Wilson afirmó ayer en declaraciones a la cadena de televisión CNN que el libro de McClellan, que saldrá publicado en abril próximo, confirma que los más altos funcionarios de la Casa Blanca «abusaron de la confianza que el público depositó en ellos». «Es una traición a la seguridad nacional del país», indicó el esposo de Plame.
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