Washington (AFP, Reuters, La Vanguardia) - De acuerdo con los últimos sondeos, nadie se anima a predecir quién ganará las cruciales elecciones parlamentarias y para gobernaciones de mañana en los Estados Unidos. El resultado determinará dos aspectos fundamentales para los próximos dos años: si George W. Bush tendrá poder absoluto para continuar con la masiva operación antiterrorista que desencadenaron los atentados del 11 de setiembre, y la confianza en la administración republicana para reactivar una economía estancada, con un déficit fiscal creciente y un pesimismo acentuado entre los estadounidenses.
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Durante los últimos días, republicanos y demócratas apelaron a la intervención de sus respectivos peso pesado: el actual mandatario Bush y su predecesor, Bill Clinton. Ayer, el presidente visitó Minnesota, un distrito clave para definir la mayoría en el Senado, en el marco de una gira proselitista que lo llevó a quince estados en cuatro días.
El comportamiento electoral que exhiba la comunidad hispana puede ser también decisivo en estos comicios, particularmente en Texas, California y Florida. Allí, aspira a la reelección el hermano del presidente, Jeb Bush. Algunos sondeos muestran que los hispanos podrían menguar su tradicional apoyo masivo a los demócratas.
•Repetición
El escenario de las presidenciales de 2000, que marcó una ajustada paridad entre ambos partidos, con más votos para los demócratas pero menos representantes en el Colegio Electoral, parece repetirse ahora, aunque la apatía es mayor. Se estima que no concurrirá a las urnas más de 55 por ciento de los habilitados.
Los 435 escaños de la Cámara de Representantes (con una mayoría actual de 6 bancas republicanas) serán renovados totalmente, al igual que 34 de los 100 escaños del Senado, actualmente con mayoría demócrata de un legislador. Además, 36 de los 50 gobernadores estatales -habitual cantera de futuros candidatos a la presidencia-serán elegidos o reelegidos.
•Apoyos
Los republicanos esperan capitalizar la popularidad de Bush, quien goza de una aprobación a su gestión de 60%, aunque con tendencia declinante. Los demócratas, por su lado, apuntan a recoger apoyos por el mal momento de la economía y los escándalos financieros y de corrupción que acosan a altos funcionarios del gobierno, incluido Bush. Durante la campaña, trataron de reposicionar en la agenda las preocupaciones habituales de sus votantes: educación, salud y sistema previsional, y denunciaron la menor presión impositiva a sectores pudientes que, según dicen, lleva adelante el gobierno.
La batalla central es en el Senado. Seis estados pueden cambiar el equilibrio del control de esa cámara. Las principales amenazas para los republicanos están presentes en los estados de Arkansas, Colorado y New Hampshire, y para los demócratas Dakota del Sur, Missouri y Minnesota. La situación política cambió radicalmente en este último estado, por la muerte accidental del senador demócrata Paul Wellstone el 25 de octubre, quien fue reemplazado por el ex vicepresidente Walter Mondale, de 74 años. Finalmente, otro aspecto es que el resultado electoral marcará el panorama para las elecciones de 2004, en las que podría repetirse la disputa Bush-Gore.
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