3 de julio 2008 - 00:00

Sarkozy y Cristina compiten en impopularidad

La imagen del presidente francés sigue cayendo. Según un reciente sondeo del semanario «Le Nouvel Observateur», la popularidad de Nicolas Sarkozy llegó en junio a su nivel más bajo desde su elección en mayo 2007, con casi 60% de rechazo. En efecto, 59% de los entrevistados declaró tener una opinión negativa de su gestión -entre ellos, 31%, «muy negativa»- y sólo 34% opinó positivamente. Uno de cada dos franceses cree que el presidente ha deteriorado la imagen de Francia en el mundo.

Si pensamos que cuando asumió, la aprobación de Sarkozy llegaba a 60%, puede verse esta caída como un récord notable, aunque superado por el de su par argentina, Cristina Fernández de Kirchner, quien, conflicto agropecuario mediante, perdió 36 puntos de popularidad desde que asumió, hace apenas siete meses.

Según el Índice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Di Tella, la ponderación de la gestión de Cristina retrocedió 9% en junio. Sólo 32% de los encuestados consideró que el Ejecutivo está resolviendo los problemas del país o sabe cómo hacerlo, pero necesita tiempo.

Esta no es la única problemática común a Nicolasy Cristina, que también compartían la causade Ingrid Betancourt y por cuya liberación deberán ahora dar gracias a Álvaro Uribe. Trago no precisamente dulce, sobre todo para ella, que hizo gala de poca simpatía hacia el presidente colombiano.

Pero ahí no queda la cosa: ambos, Nicolas y Cristina, tienen cónyuges cuya notoriedad iguala o supera las suyas.

Pasado el primer momento de sorpresa, los franceses empezaron a acomodarse a la idea del matrimonio de su presidente con la cantante y ex top model italiana Carla Bruni -hasta entonces filoizquierdista-. Se pensó incluso que la artista podría contribuir a mejorar la imagen de su esposo. Breve ilusión. La salida de su último disco fue la ocasión elegida por Carla para tomar contacto nuevamente con la prensa. La sorpresa esta vez la dio «Libération», el diario parisino de izquierda fundado, entre otros, por Jean-Paul Sartre, al publicar una entrevista de tres páginas a la sílfide primera dama. «Es hacerle los deberes a Sarko, que la usa para remontar su imagen», se quejaron algunos dentro del mismo diario. Un columnista se desmarcó abiertamente: «Carla no dijo nada; el mejor uso de una entrevista mala es no publicarla».

El sindicato emitió un comunicado: «La Asociación Civil del Personal de 'Libération' desaprueba toda eventual operación de comunicación en provecho de Carla Bruni-Sarkozy».

  • Desconocimiento

    La izquierda francesa había acogido con gran rechazo la política de expulsión de inmigrantes promovida por Sarkozy. Pero Carla, que en otras épocas habría desfilado por las calles de París -como nuestra Cristina- contra el gobierno de derecha, no se diferenció demasiado de su esposo y apeló a su desconocimiento para evitar definiciones. Se hizo la tonta, vamos. Para colmo, no tuvo mejor idea que llamar «buena persona» a Brice Horteufeux, el ministro de la Inmigración, o sea el malo de la película.

    Apenas 10% de los miles de mensajes que recibió el diario fueron positivos. Entre lamentos -porque ya no quedan medios que defiendan lo «social»- y calificativos para Carla de « ignorante», «inconsciente», «burguesa que se dice de izquierda y trata de hacer promoción de su disco y de su marido», muchos lectores afirmaron que no comprarían más el diario.

    «Traicionaste a tus lectores; ahora que te subsidie el Elíseo». «Adiós, 'Libé', gracias por los tiempos en los que todavía eras un diario.»

    Lo que más indignó fue que «Libération» haya cedido a lo que los franceses llaman «pipolisation» (por la revista «People»), es decir, la farandulización de la política.

    En concreto, la operación «vendamos a Carla, su disco y su esposo en un solo pack» no sólo no logró su objetivo, sino que fue contraproducente.

    Un poco al estilo de las encendidas defensas que Néstor Kirchner hace de su esposa que, además de no mejorar la imagen de ella, hacen caer también la de él.

    Tal vez Cristina debería considerar la sugerencia que la firma que editó el disco de Carla le hizo a la cantante y que ella rechazó. Poner una etiqueta en el álbum con la advertencia: «Usted puede amar a Carla Bruni sin amar a su marido».
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar