3 de noviembre 2005 - 00:00

Se extiende ola de disturbios en París

Bomberos tratan de apagar el incendio provocado en un auto en un suburbio de París. El gobierno francés teme que la ola de violencia protagonizada por jóvenes de familias inmigrantes se salga totalmente de control.
Bomberos tratan de apagar el incendio provocado en un auto en un suburbio de París. El gobierno francés teme que la ola de violencia protagonizada por jóvenes de familias inmigrantes se salga totalmente de control.
París (EFE, AFP, ANSA, Reuters) - La grave ola de vandalismo protagonizada por jóvenes de origen extranjero, en su mayoría norafricano y musulmán, se extendió en la madrugada de ayer a nuevas localidades de la periferia de París, donde abundaron los choques con la policía, y cientos de vehículos fueron incendiados. El gobierno reforzó los planes de seguridad para controlar la situación, en momentos que el conflicto aumenta las fricciones dentro del propio gabinete conservador.

El Consejo de Ministros y la posterior sesión parlamentaria de control al Gabinete, en la que el primer ministro, Dominique de Villepin, anunció el aplazamiento de su visita a Canadá, fueron ejemplo de la decisión del gobierno de controlar pronto un problema que corre el riesgo de degenerarse.

La chispa de los enfrentamientos entre los jóvenes y policías fue la muerte accidental de dos adolescentes en Clichy-sous-Bois,
electrocutados al esconderse en un transformador eléctrico, sin que se haya aclarado aún si eran perseguidos o no por agentes, aunque oficialmente se ha afirmado que no lo eran.

A ese suceso se unió, el mismo día pero en una localidad distinta, la muerte a golpes de un hombre a manos de un grupo de violentos mientras sacaba fotos de focos a plena luz del día, ya que trabajaba en una empresa de alumbrado.

Ambos hechos y los incidentes callejeros registrados cada noche desde entonces llevaron al centro de la atención el problema de la violencia urbana, sensible para ciudadanos y políticos, con el riesgo de que el fenómeno tenga una reacción en cadena y adquiera mayores proporciones.

Hasta ahora se ha limitado a la periferia de París -aunque cada vez en más localidades-, donde hay focos de marginalidad y difíciles condiciones de vida en las comunidades de inmigrantes.

• Detenciones

El conflicto en Clichy-sous-Bois siguió extendiéndose y sólo en la madrugada de ayer se produjeron decenas de detenciones y 250 vehículos fueron incendiados.

Temeroso de que se produzcaun estallido social, el gobierno optó por la línea de la « firmeza», la «justicia» y la « humanidad», en palabras de De Villepin.

El Consejo de Ministros tratóel asunto ayer por la mañana y
el presidente Jacques Chirac, que hasta ese momento no se había hecho oír, intervino en la reunión para llamar a la calma y pedir la aplicación firme de la ley en «un espíritu de diálogo y respeto».

Como gesto ante la opinión pública y para hacer patente su interés por el caso, De Villepin decidió aplazar sin fecha la visitaoficial a Canadá que debía iniciarse ayer.

Imitó así al ministro de Interior,
Nicolas Sarkozy, que anuló su viaje a Pakistán y Afganistán del 6 al 9 de noviembre y que ahora está en el ojo del huracán por el modo en que se comportó en esta crisis, aunque ayer De Villepin, con quien no tiene una buena relación debido a la rivalidad que mantienen por las elecciones presidencialesde 2007, le dio una mano al afirmar que «sé que puedo contar con él».

Sarkozy, figura en alza de la derecha local, fue criticado por su propio campo al interior del gobierno. Una polémica lo enfrentó en particular a
Azouz Begag, ministro delegado a la Promoción de la Igualdad de oportunidades, un sociólogo de origen argelino que se crió en uno de esos barrios.

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