Sentencia a muerte a líder islamista desata caos en Bangladesh
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Los enfrentamientos más violentos tuvieron lugar en el norte del país.
El diario The Daily Star elevó a seis el número de fallecidos en Gaibandha -tres de ellos agentes- y precisó que en ese lugar se produjo un ataque contra un puesto policial a cargo de varios miles de radicales.
Thakurgaon, en el extremo norte del territorio, fue escenario de varios asaltos a las fuerzas bangladeshíes y de ataques a viviendas y comercios de miembros de la minoría religiosa hindú y de activistas de la gobernante Liga Awami.
También hubo disturbios significativos en numerosos puntos del centro, oeste y sureste del país, donde Jamaat-e-Islami ha convocado un parón nacional de dos días a partir de este domingo, según el portal Bdnews24.
El acoso judicial al JeI fue el detonante de violentas protestas por parte de sus seguidores desde hace semanas; de hecho, solo en febrero, sin contar las víctimas de este jueves, al menos 14 personas habían fallecido a causa de los disturbios.
La Liga Awami de la primera ministra Sheikh Hasina, en el poder desde 2009, puso énfasis desde el comienzo de la legislatura en atribuir responsabilidades a los culpables de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra de 1971.
En aquel conflicto, tras el que Bangladesh (entonces ala oriental de Pakistán) se independizó gracias al apoyo político y militar de la India, murieron 3 millones de personas y 2 millones de mujeres fueron violadas, de acuerdo a estimaciones oficiosas.
En la práctica, la mayor parte de los actuales imputados -y los tres condenados hasta la fecha- en tribunales especiales creados por el Gobierno de Hasina son miembros de Jamaat-e-Islami, una formación que se alineó con Pakistán en la guerra.
Sayedi, cuyo caso tuvo audiencias durante año y medio, fue condenado hoy por cargos de genocidio, asesinato, violación y saqueo, delitos en los que según el veredicto participó como líder de un comité que ejecutó acciones represoras durante el conflicto.
En enero ya había sido condenado a la horca en ausencia el conocido telepredicador Abul Kalam Azad, en paradero desconocido desde hace meses, y a principios de febrero la Justicia bangladeshí dictó cadena perpetua para el también líder islamista Abdul Kader.
Con los islamistas encendidos por los juicios contra la cúpula del JeI, la sentencia de Kader también calentó los ánimos de sus contrincantes, que han exigido desde entonces una pena más severa mediante manifestaciones como una que está convocada para mañana.
Tras las críticas de sus simpatizantes, el Gobierno aprobó este mes una ley que permite a la Fiscalía recurrir las sentencias de juicios de la guerra de 1971 y da luz verde a la persecución judicial de partidos por hechos ocurridos en ese periodo.
Bangladesh, un país superpoblado, con pobres indicadores de desarrollo y graves problemas medioambientales, está muy fragmentado políticamente.
La tensión suele intensificarse cuando se aproximan citas electorales, como los comicios generales previstos para finales de año.
Jamaat-e-Islami ha sido históricamente un habitual aliado de la principal formación opositora, el Partido Nacionalista de Bangladesh (BNP) de la ex primera ministra Khaleda Zía, con una actitud más propaquistaní, lo que plantea dudas sobre el cumplimiento de las condenas si hay cambio de gobierno.



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