Londres (El Mundo) - La Asociación Médica Británica (BMA) discute a puertas cerradas un cambio radical en la legislación médica para permitir que el Servicio Nacional de Salud compre órganos de donantes vivos en Gran Bretaña y en Europa, según informó la prensa de Gran Bretaña.
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La asociación, que reúne a médicos de todo el Reino Unido, está haciendo el primer intento de abandonar las objeciones éticas existentes hasta el momento sobre este espinoso tema. Entre los que apoyan este polémico giro, John Harris, profesor de bioética de la Universidad de Manchester, sostiene el derecho de vender un riñón, parte del hígado o de la médula ósea para trasplantársela a un enfermo. Con el apoyo de algunos de los cirujanos de trasplante británicos, Harris argumenta que miles de vidas podrían salvarse si se establece un «mercado ético» de órganos vivos. Hasta ahora las donaciones permitidas son las efectuadas sin ningún cargo, generalmente hecha por un familiar, o que se extirparon a un cadáver.
Harris sostiene que el pago a los eventuales donantes debería ser libre de impuestos. Para tener una estimación de remuneraciones, una compañía turca cobraba unos 36.000 euros en 1997 a pacientes con fallo renal por llevarlos hasta la India o Rusia y trasplantarles un órgano donado, según la BMA. «Esto prevendría que los ricos utilizasen su poder adquisitivo para explotar el mercado a expensas de los más pobres. El Estado, a través del NHS, compraría órganos y tejidos vivos como lo hace con otros bienes como las máquinas de diálisis o los medicamentos, para que estuvieran disponibles sin costo para el receptor», explicó Harris en un artículo publicado en «British Medical Journal».
«Un modo de prevenir que las naciones ricas se aprovechen de las pobres sería confinar el mercado a un estado nacional en particular o a un bloque regional de estados como la UE», explica en el artículo, escrito junto con Charles Erin, profesor de filosofía aplicada de la Universidad de Manchester. En contra, Alastair Campbell, profesor emérito de ética y medicina en la Universidad de Bristol, argumenta que «nuestro cuerpo no es una pieza de propiedad como puede serlo nuestra casa. Somos nuestro cuerpo, somos seres encarnados. No lo habitamos», sostuvo. «Las consecuencias de un mercado de órganos humanos conducen inevitable-mente a la explotación, como han demostrado los estudios de comercio de riñones de la India. Lejos de mejorar el grupo de los pobres, empeora su situación, incluyendo las perspectivas de salud. El concepto de un 'mercado ético y regulado' es un mito», enfatizó.
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