Madrid - Tres años después del atentado de Al-Qaeda en el que murieron más de 200 personas, el paraíso turístico de Bali volvió a sufrir hace una semana el azote del terrorismo islámico, en este caso segando la vida de una veintena de personas. El impacto de ambas masacres será muy distinto, tanto por la magnitud de la primera como por el momento en que se produjo, en octubre de 2002, cuando el mundo todavía estaba convulsionado por el 11-S. Pero también porque el turista «se acostumbró a viajar en un escenario de mayor riesgo», consideró José Luis Zoreda, vicepresidente ejecutivo de Exceltur, entidad que agrupa a una treintena de grupos turísticos.
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Igual que Egipto tras la matanza de 57 turistas en Luxor, o Nueva York después del 11-S, esta isla indonesia también sufrió la fuga de turistas y cerró el balance de 2003 con 11,3% menos de llegadas de clientes internacionales, que se situaron en los 4,4 millones. Pero si algo parece que está cambiando a causa del 11-S, a juicio de los expertos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), es que la mayoría de los destinos tocados por el terrorismo tarda sólo unos pocos meses en recuperarse.
¿Por qué? «El turista de lo único que está seguro es de que no existe la seguridad total, se ha globalizado el terror», apuntó Augusto Huéscar, director del servicio de estudios de la OMT. Y razones no le faltan: Nueva York, Bali, Djerba (Túnez), Mombassa (Kenia), Estambul (Turquía), Sharm el-Sheij (Egipto), Madrid, Londres... sufrieron el azote terrorista, mientras que otros tantos destinos del sudeste asiático, del Caribe e incluso del poderoso Estados Unidos se recuperan a duras penas de desastres naturales. «El turista está aprendiendo a vivir con ese clima; los sucesos de Bali no afectarán a la previsión de crecimiento del turismo mundial; esperamos cerrar el año con un incremento de entre 5% y 6% de viajeros internacionales», sentenció Michel Julian, del departamento de Mercados de la OMT, recordando que 2004 culminó con resultandos excelentes, 760 millones de turistas, 10,7% más que en el ejercicio anterior.
Para la OMT, la mayor organización internacional en materia turística, en la que están integrados 144 países, «las amenazas externas -léase maremotos, huracanes, terremotos o terrorismo- no disuadieron a los viajeros. A escala mundial, los efectos de estos golpes fueron inapreciables».
Lógicamente, se produjeron modificaciones temporales de los flujos de viajeros, pero los turistas no han dejado de viajar. Es decir, muchos alemanes que habían previsto tumbarse al sol o bucear en Sharm el-Sheij cambiaron de planes y volaron a Baleares. «Sí, Baleares se benefició de las cancelaciones que sufrió Sharm el-Sheij», indicó Zoreda.
Lo que sí provocó este escenario de terrorismo global, de incertidumbre sobre qué pasará mañana y dónde, es un cambio de los hábitos del turismo, en especial del familiar, que ya no contrata sus vacaciones a varios meses y opta por destinos más cerca de casa.
En este sentido, Huéscar apunta que los estadounidenses se quedan en América y los europeos en Europa y en la franja mediterránea; si es viable se renuncia al transporte aéreo y se multiplican las compras de última hora.
El estadounidense es el mercado más sensible a estos sucesos. No en vano tras el 11-S se recluyó en su país durante varios meses y su gasto turístico cayó ese año 8,7%. Por eso los expertos pronostican que el mercado que más tardará en recuperar Londres, a causa de los atentados que causaron más de 50 muertos el pasado mes de julio, es el norteamericano. «Pero hacen más daño los ataques terroristas en Bali o Sharm el-Sheij, porque el objetivo son los turistas, que los cometidos en Madrid o Londres», puntualizó el vicepresidente de Exceltur.
Respecto de Indonesia, el ministro de Cultura y Turismo, Jero Wacik, aseguraba esta semana que el último atentado «causó limitadas cancelaciones; además, ninguna de las aerolíneas que vuelan a Bali suprimió vuelos.
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